El bronce para las campanas de la iglesia, hoy convertidas en campana y esquililla del sardinel (perdió el badajo, volteandola los quintos hacia el año 1936, y salió disparado hacia el tejado de la casa del Sr. Antonio Herrero) se sacó de la gran campana que se encontró enterrada en la tierra de mi tio Eugenio, y que pertenecía, a nuestro querido y desaparecido poblado de Sanchón, con lo cual pasó, junto con el Cristo que hay en la iglesia, a formar parte de la herencia que hemos recibido del despoblado.
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