Ayer, algo más de trescientas personas nos reunimos en la iglesia para despedir a otra vecina del pueblo. Vista desde fuera (la iglesia) parece que nada a cambiado desde que uno la dejó. Por dentro no es así. El artesonado nuevo, los altares, aquellos altares hechos por los artesanos del pueblo ya no existen, a la derecha según se entraba estaba el que hizo mi padre cuando tan solo contaba dieciocho años, en él se encontraba un cristo grande crucificado; enfrente el que había hecho el sr. Ramón (el ... (ver texto completo)