Los días más luminosos y alegres de mi vida los he pasado en Rinconada. Los años de la infancia y de la primera
juventud marcaron mi vida para siempre. Voy de un lado para otro como las hojas caidas de los
árboles que zarandea el viento de
otoño pero siempre con una idea fija en mi cabeza: Regresar, al menos durante unas horas, cada fin de semana a Rinconada.
Los días pasan ligeros y empiezo a sentir el paso del tiempo; me miro en el
espejo y observo las canas que pueblan mi cabeza. Pienso en el
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