No quisiera yo restar un solo instante al bien
ganado protagonismo de Soso, acaparador por propios méritos de la povedanía de esta página cuya trascendencia al día de hoy es indiscutida e indiscutible. Laus Deo. Por tanto, y como la realidad manda, y yo prometí en mi última intervención terminar con el relato de los tristes episodios vividos por la "vieja-niña", es decir, por la que creemos que en la vida real fue la señora Pascuala, vecina en su día, con domicilio en la
plaza mayor de la localidad,
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