Nunca dejes que nadie te diga que no
puedes hacer algo, ni siquiera yo. Si
tienes un sueño, tienes que protegerlo.
Las personas que no son capaces de hacer
algo te dirán que tú tampoco puedes. Si
quieres algo, ve por ello, y punto.
Será necesario aprender a no escuchar a quienes
quieran matar los sueños de los demás. Si quieres
formar parte de algo, persigue tui sueño, porque
eso te alejará de la mediocridad. Los vencedores
no dejan de ceer en si mismos.
Busca dentro de ti y descubre qué da
sentido a tu vida. Entonces, déjate la piel en ello,
porque merece la pena. No importa las veces que te
sientas anatido o te caigas, si te sientes cansado
o que te falta el aliento. Solo hay una vía y es
ver en cada una de esas ocasiones una oportunidad,
un empujón para levantarse y volver a empezar.
Apóyate en las personas que te generan confianza
en tus valores y principios. Pueden ser muy exigentes
pero serán buenas muletas para llegar a tu meta.
Más tarde, Artemis se enamró de él, y al
no verse corespondida, cuando Adonis estaba
de cacería lanzó contra él un jabalí que
le hirió mortalmente. Este es el esbozo más
antiguo del mito de Adonis.
Diez mese después, del anterior de este árbol
surgió Adonis. Afrodita, enternecida
por la belleza de la criatura, la recogió y
la confió en secreto a Perséfone para que la
criara. Pero esta se prendó a su vez del niño,
y se negó a devolverlo a Afrodita. La disputa
entre las dosa diosas fue zanjada por Zeus.
Adonis pasaría un tercio del año con Afrodita,
otro con Perséfone y el último con quien le
diera la gana. Pero Adonis pasaba dos tercios ... (ver texto completo)
Se cuenta que el rey de Siria, Tias, tenía
una hija, Mirra, a quién la cólera de Afrodita
impiulso a desear un incesto con su padre.
Ayudada por su nodriza, Mirra logró engañar
a su padre y acostarse con él durante doce
noches.
En la última noche, Tías se dio cuenta del
enmgaño e intentó matar a su hija. Mirra invocó
la prtección de los dioses, los cuales la transformaron
en un árbol: el árbol de la mirra.
Recuérdale su pasado, es un buen ejercicio
de gimnasia para el cereebro.
Deja que haga las actividades por sí
mismo siempre que sea posible.
No olvides que la palabra no es el único
medio de comunicación. Utiliza los gestos,
la expresión de tu cara, la mirada y el tacto
(el contacto personal: caricias, abrazos, besos...)
Nunca le grites, aunque no te comprenda.
Intenta conservar siempre la calma.
Respeta sus valores, hábitos, rutinas y
creencias.
Utiliza frases cortas, sencillas y de fácil
comprensión.
Dale tiempo para que te explique lo que
quiere decir, no hables tú por él.
Acercate a la otra persona cuando quieras
decirle algo.