Reuben era un hombre alto, de más de
metro ochenta, con el pelo
castaño y rizado
y unos profundos ojos azules. Le llamaban
cielito, apodo que odiaba, por lo que tendía
a reprimir lo que el mundo conoce como
una sonrisa irresistible. Sin embargo, en
ese momento estaba demasiado contento
para mantener su estudiada expresión seria
y tratar de aparentar más de los veintitrés
años que tenía. Subía por una empinada
... (ver texto completo)