“No era Daniel, el Mochuelo, quien llamaba a las cosas y al valle, sino las cosas y el valle quienes se le imponían, envolviéndole en sus rumores vitales, en sus afanes ímprobos, en los nimios y múltiples detalles de cada día” (Delibes, El camino).
La vida de campo facilita algunos conocimientos de importancia. Basta asociar el parto de las conejas con el de las madres. El descubrimiento de la realidad de las cosas no empequeñece lo que de suyo es magno. El conocimiento que el niño hace de tales realidades es humano y menos conceptual que en la ciudad: “Daniel, el Mochuelo, escuchaba las palabras de Moñigo todo estremecido y anhelante. Ante sus ojos se abría una nueva perspectiva que, al fin y al cabo, no era otra cosa que la justificación ... (ver texto completo)
El valle significa mucho para Daniel. El valle es la cima y cifra de su contacto con la Naturaleza. Se sienta con sus amigos en una prominencia desde la que contemplan el ancho espacio de valle y se dejan invadir por “una unción casi religiosa la lánguida e ininterrumpida vitalidad del valle” . El capítulo III de El camino es particularmente revelador al respecto (El camino, de Miguel Delibes: la “circunstancia” rural de Daniel, el Mochuelo. Jorge Urdiales Yuste).
“Muchas tardes, ante la inmovilidad y el silencio de la Naturaleza, perdían el sentido del tiempo y la noche se les echaba encima” [ El camino, de Miguel Delibes).
El balance de la infancia de tristezas y dichas en el medio rural, vista en su conjunto, es de felicidad. Aunque no faltan las penas ni los disgustos, la infancia parece casi sólo una etapa de la vida llena de encantos. Su tiempo es tiempo dilatado y más largo que el del resto de la vida. En el pueblo de Daniel también ocurre así. Daniel tiene una enorme losa sobre su existencia: su padre la ha condenado a progresar. “Le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto”. El sufrimiento no era solamente ... (ver texto completo)
El valle significa mucho para Daniel. Se sienta con sus amigos en una prominencia, contemplan y se dejan invadir por “una unción casi religiosa la lánguida e ininterrumpida vitalidad del valle”...En una ocasión Daniel está a punto de marearse, pensando en una estrella que cae y cae sin tropiezo... : “- No me hagas esas preguntas; me mareo. -¿Te mareas o te asustas? -Puede que las dos cosas”. Le “empezaba a dominar también un indefinible desasosiego cósmico”. En el Moñigo, el desasosiego cósmico de ... (ver texto completo)
Me acuerdo de aquel día en el que comentaste indignada que un "turista" de paso te comentó que este iglesia tan bonita no debiera estar en este lugar. Pero...¿dónde podría estar mejor? Aquí se hizo y aquí ha estado gracias al cuidado de la gente de este pueblo, no de turistas sabiondos.
En el atardecer, el labrador sigue con sus labores en el campo.
En la parte posterior de la iglesia existió un cementerio anterior al actual, donde se enterraban los muertos y que hoy son ruinas y está en desuso toal, y anteriormente al uso de este cementerio, se dispusieron los enterramientos alrededor de la iglesia, y cuando se urbanizó la calle, aparecieron restos óxeos que fueron recogidos y sepultados en el actual cementerio.
Foto sacada desde la entrada al pueblo ("la varga de la iglesia") bajando de Vega de Bur. A la derecha los prados de Bahillo.
Foto realizada desde la carretera que se dirige a Payo de Ojeda. El fondo es el campo y pueblo de Vega de Bur y al horizonte las "peñas" de Cervera, Cantoral y la Peña Redonda.
Esta foto está realizada desde el camino que conduce hasta el cementerio y que cruza la carreterra que va en dirección a Vega de Bur o Dehesa de Montejo.
Sin Covi, este rincón ya no va a ser el mismo.
El campo de amarillos girasoles es un brochazo de color en este precioso paisaje de montañas azules y rojizos campos. Un hermoso cuadro siempre irrepetible.
Desde los Yertos. Otra mirada para el ese pequeñopueblo que se esconde en en el valle de la Ojeda, a la vera del río Burejo.