Las cimas de los altos siempre han tenido un encanto, rodeado de misterio, para para hombres y mujeres de todos los tiempos. No resulta extraño que en ellos levantaran diferentes símbolos religiosos como cruces, ermitas, etc. Aquí estamos en el denominado Alto de San Cristobal.
San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.
Cuentan que un día cruza la corriente de un río cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella ... (ver texto completo)
Un lugar para dar un paseo es la cima de San Cristobal. Desde se puede disfrutar de excelentes panorámicas de la montaña palentina, el valle de la Ojeda, y el campo de La Vid. Merece la pena el esfuerzo.
Hay un proyecto de levantar un pequeño monumento en los alto de San Cristobal como un recuerdo más de un pasado del pueblo. Algunas piedras ya están preparadas como tembién un mosaico con la igamen del santo, que aquí se puede ver.
San Crisrobal sirve aquí de referencia para una grandiosa panorámica del campo de La Vid y de la montaña palentina.
Atardecer en el molino podría ser el título de esta imagen. La luz de sol da un tono especial a este bello rincón del pueblo.
El agua llegaba al molino a través del cuérnago. Pero, para que esto fuera posible, había que limpiarlo de vez en cuando. La foto recoge un momento dedicado al descando y... A la bota.
Restos de antigua rueda de molino.
El ventanuco ya no mira. Está cerrado. Pero seguro que hace tiempo no sólo escondió miradas sino que también ofreció luz y calor a los moradores de la casa.
Hola Andres, soy Alberto, hijo de Maxi, saluda a Raul de mi parte.
Nos vemos este verano.
La restauración ya está en marcha. ¡Enhorabuena! Han empezado por la imagen de la derecha, San Juan.
Y, aunque se vean ruinas en esta foto, poco a poco se van arreglando algunas casas, otras se levantan de nuevo. La foto, en este momento, ya no sería la misma.
Cuando el calor aprieta, la canícula que todo lo envuelve, da un tono y sabor diferentes al campo y a las montañas, mientras los pinos parecen dormitar. es la hora de la siesta.
Las "portoneras" no dejan de ser un lugar de encuentro, también para echar una partida de cartas. Y, por lo que se ve, el juego está animado.
Es la hora de la misa. Las campanas tocan "a entrar". De todas la calles confluyen personas de todas las edades hacia la iglesia. Para muchos del pueblo es una imagen más grabada en nuestros recuerdos.