MANTINOS: CUANDO LA PALABRA ´NO´ CAE EN DESUSO...

CUANDO LA PALABRA ´NO´ CAE EN DESUSO

Vivimos un tiempo en el que parece que la palabra NO ha entrado en desuso, un tiempo en el que se hace sentir a los hijos que tienen derecho a todo porque sí, en el que no se les enseña a ganarse las cosas, ni se les demuestra el significado de la palabra límites.

Estos tiempos han generado una nueva manera de mal educar a nuestros hijos, una nueva forma de sobreprotegerlos.

Tradicionalmente la libertad ha sido un bien preciado que había que demostrar que uno se merecía. Se trataba de una meta por alcanzar. Entonces, la sobreprotección consistía en que no se permitía al niño o al adolescente ejercer una libertad para la que sobradamente estaba preparado. Hoy la sobreprotección ha tomado otra forma. Hoy, incapaces de decir a nada que no, incapaces de poner condiciones, los padres permiten al niño una autonomía que todavía le queda grande y que no sabe administrar.

Este desfase entre lo que el niño o el adolescente no está preparado para hacer y aquello para lo que ya tiene permiso generalmente tiene consecuencias negativas.

La sobreprotección consiste en que las consecuencias de sus actos las asumen los adultos y no los niños. Los padres van al colegio con el objeto de protestar y a defender a su niño, que ha hecho tal o cual cosa, culpan a los amigos del coma etílico del fin de semana y al malvado del novio del embarazo de la hija adolescente.

El resultado es que el chico o chica sólo cuenta con una parte de la libertad, con esa tan peligrosa que consiste en hacer más o menos lo que le apetece, cuando le apetece y como le apetece cuando todavía no está preparado para administrarla en todas sus dimensiones.

Entonces, el adolescente siempre buscará a otro a quien culpar, a alguien que se haga responsable de sus errores, a alguien que le saque, en definitiva, las castañas del fuego. La vida no funciona así y el chico no será verdaderamente un adulto hasta que no sea capaz de hacerse responsable de sus actos y de asumir las consecuencias de estos.

Educar es difícil, mantener un "no" con convicción requiere de una cierta presencia de espíritu así como de altísimas dosis de paciencia, pero créanme, es el mejor legado que tenemos que dar a nuestros hijos.