Esa crisis
ESTHER MARIN
diariopalentino. esEsther Marín
Inteligentes, menos listos, con carrera, sin experiencia o con un despacho con asientos de cuero, el caso es que todos, de una u otra manera, estamos comprobando como la situación económica que atraviesa el país puede afectar a cualquiera, sin distinción aunque con matices.
Tradicionalmente, las pequeñas ciudades parecía que pudieran verse más afectadas cuando las cosas iban mal, por el hecho de tener menos empresas, pocas posibilidades de promoción o simplemente menos dónde encontrar.
El caso es que ahora nada tiene que ver el tamaño -dicen muchos que nunca ha importado-, ya que las ciudades grandes, por eso de tener más, son las que están viviendo las mayores masacres laborales y ¡lo que vendrá!
Tampoco ahora es importante eso de tener dos carreras, saber idiomas o tener un máster en algo que sólo se consigue en una universidad al Este del Congo. Eso ahora da lo mismo. Desde el empleado más común, hasta el directivo más alto... en cualquier momento pueden caerse y no levantar cabeza.
La situación está muy mala y no tiene visos de cambiar pronto. Eso sí. A la hora de hacerse a la idea de lo que pasa o de lo que todavía queda por llegar, cada uno se lo toma como mejor puede o como considera que debe hacerlo.
Mientras para unos supone pasarlas canutas a la hora de llevar un trozo de pan con el que alimentar a sus hijos, otros tienen el privilegio de poder tirar de reservas y pasar los próximos meses en unas condiciones más o menos aceptables.
Esa es la pena, que no todo el mundo sufre de igual manera el momento que atraviesa el país. ¿Cíclico? No acabo yo de creerme eso del todo. No tengo claro que todo sea producto del momento que viven los demás. No me creo que los que están aquí no puedan hacer nada y echen la culpa a los del otro lado del charco.
Señores, las cosas solo tienen un camino y parece que estamos en el equivocado. Quien pueda, por favor, que lance un salvavidas.
ESTHER MARIN
diariopalentino. esEsther Marín
Inteligentes, menos listos, con carrera, sin experiencia o con un despacho con asientos de cuero, el caso es que todos, de una u otra manera, estamos comprobando como la situación económica que atraviesa el país puede afectar a cualquiera, sin distinción aunque con matices.
Tradicionalmente, las pequeñas ciudades parecía que pudieran verse más afectadas cuando las cosas iban mal, por el hecho de tener menos empresas, pocas posibilidades de promoción o simplemente menos dónde encontrar.
El caso es que ahora nada tiene que ver el tamaño -dicen muchos que nunca ha importado-, ya que las ciudades grandes, por eso de tener más, son las que están viviendo las mayores masacres laborales y ¡lo que vendrá!
Tampoco ahora es importante eso de tener dos carreras, saber idiomas o tener un máster en algo que sólo se consigue en una universidad al Este del Congo. Eso ahora da lo mismo. Desde el empleado más común, hasta el directivo más alto... en cualquier momento pueden caerse y no levantar cabeza.
La situación está muy mala y no tiene visos de cambiar pronto. Eso sí. A la hora de hacerse a la idea de lo que pasa o de lo que todavía queda por llegar, cada uno se lo toma como mejor puede o como considera que debe hacerlo.
Mientras para unos supone pasarlas canutas a la hora de llevar un trozo de pan con el que alimentar a sus hijos, otros tienen el privilegio de poder tirar de reservas y pasar los próximos meses en unas condiciones más o menos aceptables.
Esa es la pena, que no todo el mundo sufre de igual manera el momento que atraviesa el país. ¿Cíclico? No acabo yo de creerme eso del todo. No tengo claro que todo sea producto del momento que viven los demás. No me creo que los que están aquí no puedan hacer nada y echen la culpa a los del otro lado del charco.
Señores, las cosas solo tienen un camino y parece que estamos en el equivocado. Quien pueda, por favor, que lance un salvavidas.