Los
Ábsides Semicirculares: En primer plano se observa la disposición escalonada de la cabecera. A la izquierda queda el
ábside lateral norte y a la derecha el gran ábside central, notablemente más alto y profundo. El Cimborrio Octogonal: Al fondo, sobresaliendo en altura sobre el
tejado, se erige la linterna o cimborrio de planta octogonal que cubre el crucero del templo. Su función original es la de elevar el espacio e introducir luz directa al interior mediante sus
ventanas.
Arcos de Medio Punto y Ventanas: Las ventanas de los ábsides están formadas por arcos de medio punto (arcos semicirculares perfectos) decorados con
columnas adosadas,
capiteles tallados y molduras llamadas arquivoltas.
Canecillos Decorativos: Bajo los
aleros del tejado se sitúan pequeñas piezas de
piedra llamadas canecillos o modillones. Si los miras de cerca in situ, verás que están esculpidos con formas de animales, monstruos mitológicos y figuras humanas con un carácter moralizador. Su asombrosa simetría y limpieza visual se deben a una profunda e histórica restauración realizada entre 1895 y 1904 por el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez. El templo se encontraba semiderruido y embutido entre viviendas particulares; el restaurador eliminó todos los añadidos renacentistas y barrocos posteriores para devolverle su pureza
románica original del siglo XI.