Esto tambien era una forma de pasar mucho ratos en las tardes de invierno. Con diez o doce años, eramos cuatro amiguinas y muchas tardes domingueras, como el frio de la calle no dejaba ni siquiera somar el morrete, comprabamos unos paquete de pipas (para más no habia) y no ibamos a casa de una de ellas; allí a la vera verita de la lumbre de "abajo", como así se llamaba, su abuela nos contaba cuentos e historias de no se cuando serian. Lo que si recuerdo es que los lobos colaboraban en casi todas.
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