Aquí me tienes amor, sentada en nuestra
roca preferida, observando como la espuma cubre de blanco las esperanzas de las vidas incrustadas en cada roca, asidas a ellas como el último recurso reinante.
Y en cada arremetida de las olas salvajes, al explotar el infinito número de gotitas en mi cara, brisa húmeda limpia y sonora... tu rostro asoma atrapado en ellas, tu sonrisa tan seductora, tu presencia soñada, tu perfume de
pino pasoso...
Y mi alma se arruga como limón que es estrujado hasta el
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