LXXI
Busca la compañía del bueno,
donde el Amado tiene Su morada;
Recibe de ahí todos tus pensamientos,
todo tu amor y todo mandato.
¡Que se convierta en cenizas
la asamblea donde no se pronuncie Su nombre!
Dime, ¿cómo podrías festejar una
boda
si no se presentara el novio?
... (ver texto completo)