No te nos mueras, Pepe, que te mato,
no nos dejes la vida tan viuda,
ofende más la sangre que la duda,
no nos digas adiós quédate un rato.
Rezando estoy por ti como un beato
de hinojos ante
Cristo y ante Buda,
a los pies de una
virgen sordomuda
que empapa de diptongos tu retrato.
Que se joda la puta desdentada,
que suspendan en Hierro a los doctores,
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