Yo también me lo pasé muy bien en esta
iglesia y en la catequesis.Lo que no me gustaba era dejar de jugar al
fútbol en la Llastra o al
frontón en cualquier pared, o a la vigarda con Gildo o con Román o con Amandito en la
carretera y sonar la
campana y a todo correr a la catequesis o al rosario. Allí estaba don Pablo a la
puerta. Le besábamos la mano y nos hacía una caricia, o nos recordaba alguna trastada, o nos daba un cariñoso cachete. Casi nadie faltaba. Se le quería y respetaba. Tenía carácter.A
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