SANTA CRISTINA DE VALMADRIGAL: Cabalgando 75 viene Rogelio....

Cabalgando 75 viene Rogelio.
Su padre, viene de más lejos.
Caballos broncos vinieron.
Broncos fueron pasando.
Algunos, no lo fueron tanto.
Blancos, tordos o pardos y alguno muy negro.
Pero a todos los fue domesticando.
Por el alba que se avecina, corvetea otro, salvaje.
El aire huele a humo, la nieve cae en silencio.
Al recuerdo, cabalgando, llegan miles de recuerdos.
Días de nieve cerca del fuego. Historias, silencio.
Crujir de la escarcha en la noche helada.
Ulular del viento que se cuela por las rendijas de la puerta.
Zapatillas viejas para las madreñas.
Frio y humo, noches en la bodega.
Distancia…
Repique de la chica.
Sonrisas de la primavera.
Noches de luna llena. ¡Tantas...
Las olas besan la playa.
A la sombra de la barca, el amor, abrasa.
Y ese sol inmenso y rojo que sale del agua
Presagios de sudor. Días de rabia. Tormentas de dolor.
Desesperación, miedo.
Mi Cristo pequeño, ¡quedabas tan lejos!
Velas encendidas; flores, lágrimas, plegarias en voz baja…qué…
Y el Cristo pequeño en la ermita esperaba.
Más recuerdos, velas encendidas que apagaba el viento...
A la puerta de la ermita, sobre las andas, yace el muerto.
El cura canta, Miserere… Se reza el Padre Nuestro.
La fosa está abierta en el cementerio
Hace frio, llueve, es invierno.
Las velas se apagan. Sopla el viento del olvido.
Mi Cristo pequeño, ¡quedabas tan lejos!
El tiempo pasa, los amigos se van marchando.
Tedio, desgana. La cabeza embotada.
Los días vienen pesados y vacíos. Anodinos.
El viento del norte, fuerte y frio, un día limpió de nubes el cielo.
Pasa el tiempo, quieto.
Un día, una sonrisa... una llamada...
El Cristo de la ermita, pequeño, en la vitrina encerrado.
Gotas de paz en los ojos al mirarlo.
Chispa de luz, chispa de esperanza, fe, confianza.
Sonrisas, pillerías de la infancia.
Se me llena de ternura el alma. Se me escapa una lágrima.
Que nadie me vea, me da vergüenza.
Y esos idos, tan queridos, que a veces rondan por mi mente …
Si supiera qué me están pidiendo...
Los días vuelan, las fuerzas merman, las cosas cambian su importancia.
Cada vez más ser, menos parecer.
Y como el tango de Gardel volver, volver…
pero adonde y a qué… no lo sé.
Quizá el Cristo de la ermita, lo pueda saber.