LAS PERAS DEL TIO RESTITUTO
Corrían los últimos días del mes de septiembre del año 1932, unas ciruelas exquisitas habían madurado, pero sólo el dueño y algunos pájaros las probaron. A mediados de octubre llegaron también las peras, gordas y jugosas, que eran el deseo de todos los niños y niñas del
pueblo y también los mayorcitos soñaban con saborearlas una clara
noche de
otoño.
Adelina, nieta de Restituto, y Lidia, dos jovencitas de unos 17 y 15 años respectivamente, pasaban todos los días arreando
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