Era una cálida mañana del mes de junio del año 1945. Una vez tomado en el desayuno un plato de patatas cocidas y un tazón de leche migada con
pan de centeno, Vicente mete en el zurrón unos mendrugos de pan, un chorizo, un torrezno de tocino y unas gruesas lonchas de jamón, todo ello envuelto con un papel de periódico viejo.
Se acerca a la corte, abre la cancilla y las
cabras, ya dispuestas y con ganas de abandonar el redil, salen de
casa. Llama a Tabaco, “perro muy listo” y compañero inseparable.
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