La mayoría de las veces eran las mujeres, las chicas o los niños del pueblo los que pastoreaban los ganados en los montes del entorno. En esta ocasión Ermelinda y Lidia acompañaban el rebaño de cabras. Las dos muchachas de 20 y 18 años salen detrás de la manada, la retienen al lado de la Iglesia, hasta que llegan todas las cabras de la pequeña aldea.
— ¿Por qué no las llevamos hoy por los rastrojos hasta las Demonda? Y después por ladera que hay detrás de los prados de las Fuentes y los Huelmos
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Leyendo los
mensajes de
Rosales me encuentro con Eloy y su burra “Pepa”
Hace años, no recuerdo cuántos, pero muchos, coincidí una tarde, en
El Castillo, en
casa de Sandalio, con Eloy. La Pepa estaba fuera.
Entablamos conversación y le invité “a tomar algo” que se dice ahora. Pidió un vasín y me quedé algo perplejo cuando le pusieron un vaso, de los de
agua, lleno de vino hasta el borde, no recuerdo si tinto o clarete; pero más aún cuando lo bebió de un solo trago.
Lo mejor vino a continuación,
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