Un carcelero con un preso a la hora de comer:
- ¡Y a ver si te acostumbras a comer lentejas con bicho, rico, que los huevos cuestan a cinco duros la docena!
En plena batalla, un oficial furioso grita a un soldado:
- ¡Claro! Y porque a ti te duela la cabeza, vamos a suspender la guerra ahora que estamos avanzando, ¿verdad?
Un carcelero, con un plato en la mano, riñe al preso:
- ¡Pues hijo, no eres poco delicado! Ni te gustan las natillas, ni te gusta el flan..
Un pirata feroz comenta con sus compañeros la carta que acaba de recibir:
- Estoy muy contento. Dice mi mamá que a mi hermana Julita le han dado un diploma en corte y confección.
Un safari en mitad del desierto. El explorador le dice a uno de los porteadores negros:
- Llevamos veinte días sin encontrar un oasis. Acércate a Segovia y le dices a mi mujer que te dé un botijo con agua fresquita.
Un demonio reprocha a otro:
- Debería darte vergüenza: ¡ser demonio y darle diez céntimos a un pobre!
Un quirófano. Una señora en la mesa de operaciones. Y el jefe de los cirujanos riñe a sus ayudantes:
- ¡No tenéis cuidado! ¡El otro día operasteis a un chico que sólo venía a entregar un telegrama y hoy habéis trepanado a la mujer de la limpieza!
Mostrando el muñón del brazo que acaba de perder, un niño se acerca a su madre y dice:
- ¡Mamá, pupa!
Un capitán de barco, riñe a uno de sus hombres:
- ¡Te he dicho mil veces que cuando el vigía diga « ¡Tierra a la vista!», no debes tirarle un puñado de arena a los ojos!
El capitán de un barco pirata, a la tripulación:
- Y si antes del sábado no me presentan ustedes un certificado de mala conducta, no tendré más remedio que despedirles.
Una señora sobre la que acaba de disparar su esposo, exclama, cayendo al suelo:
- ¡Esta es la última vez que me matas, Vicente: el lunes me marcho con mis padres
Un soldado se presenta ante los servidores de un cañón enemigo:
- A ver si tiran ustedes más flojito. ¡Menudo cañonazo le han metido a un soldado!
Un señor con una pierna vendada le dice a otro:
- Hay que respetar la ley, amigo mío: el otro día desobedecí la ley de la gravedad, y estuve a punto de romperme un fémur.
Un oficial riñe a un soldado de artillería:
- ¡Con vosotros no se puede ser bueno! ¡Te dejo un cañón para que se lo enseñes a tus papás y te lo dejas olvidado en casa!
Un cirujano, sentado al aire libre, cose al paciente que tiene en las rodillas. Y comenta con un colega:
- Como hacía una tarde tan hermosa, he salido a coser al sol.