Aquel era un pueblo feliz, de gentes buenas que respetaban las costumbres, hacían sus labores en los navares y en los linares, pastoreaban los rebaños y vivían hermanados con los otros pueblos de Babia, en los que nunca faltó el palo del pobre ni la clemencia para el caminante que buscase abrigo en la noche helada.
Pero algo sucedió para que la desgracia asolase sus modestos muros, hundiera en la decrepitud aquellos fértiles parajes de generosas fuentes, sellara el destino mortal de sus habitantes, ... (ver texto completo)
Pero algo sucedió para que la desgracia asolase sus modestos muros, hundiera en la decrepitud aquellos fértiles parajes de generosas fuentes, sellara el destino mortal de sus habitantes, ... (ver texto completo)