La provincia de
León tiene el alma minera. Alma negra llena de virtudes. Prudencia, justicia, fortaleza y templanza alumbran esta tierra. Sus gentes tienen grandeza; conocen el vientre del planeta: la grasa dura de la antracita, el hojaldre bárbaro de la pizarra, el fuego de las centrales térmicas. Nuestra provincia se apartó de la
historia común de las regiones del Sil y del Duero. Fue así porque la
naturaleza la fecundó con
frutos oscuros e infinitos, la remota carne de la tierra. En el siglo XIX
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