QUINTANILLA DE BABIA: Aquel era un pueblo feliz, de gentes buenas que respetaban...

Aquel era un pueblo feliz, de gentes buenas que respetaban las costumbres, hacían sus labores en los navares y en los linares, pastoreaban los rebaños y vivían hermanados con los otros pueblos de Babia, en los que nunca faltó el palo del pobre ni la clemencia para el caminante que buscase abrigo en la noche helada.
Pero algo sucedió para que la desgracia asolase sus modestos muros, hundiera en la decrepitud aquellos fértiles parajes de generosas fuentes, sellara el destino mortal de sus habitantes, como un viento negro y venenoso que sopla en las indefensas horas del sueño.
Dicen que de algún odio recóndito, de alguna mala voluntad alimentada en los ensueños turbadores de la envidia, de las torcidas pasiones que encrespan el fuego del corazón humano, nacen esas bestias fantasmales que un día rompen las plácidas superficies, como el trueno quiebra el cristal, o una piedra las aguas remansadas. Aunque también es verdad que muchas veces se nubla el destino de las buenas gentes como el cielo claro en la imprevista tormenta, y es como si la inocencia fuese castigada, como si saltara un látigo salvaje en las pacíficas florestas de la vida.... (continuará)