Los pastores babianos dejaban todo cuando se iban a Extremadura, eran unos meses lejos de la familia, de los seres querídos, lejos de sus pueblos. Y el "Estar en Babia"era el gesto ausente, ensimismado, de su nostálgia y de su recuerdo, tan vívo y tan lógico. Imagína, además, la vida solitaria del pastor. Aparte de que el babiano, como la Pícara Justina dice del leonés en general, es muy morído por su tierra.