.. Aquello debo de ser como un sueño horrible que todos sueñan al mismo tiempo, despiertos y conturbados por el propio dolor y el de los otros. La huella del veneno creció como una pisada de fiebre, hiriendo a todos de la misma flecha, paralizando los músculos devorados.
En el
baile, en la
siesta, en las relajadas palabras de la conversacion, en los
juegos de los niños por el campar, se introdujo la lengua asesina, arrebató al mozo gallardo y a la moza zalamera, a la madre y a la hija, supuró su
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