Una vez, la abuela se cortó la mano con el filo de un vaso roto.
La hendidura no era, en realidad, más grande que un rasguño.
La mano de mi abuela tenía la piel fina, con ella, tocaba los rostros de las fotografías, se acariciaba los cabellos, estiradísimos en la frente como cintas de hierba que el viento está a punto de arrancar.
Las ciruelas verdes, bajo el agua, tienen la piel tirante como si fueran a estallar.
Las ciruelas secas no reflejan la luz. Se plisan y plaf, adiós.
Sólo fue ... (ver texto completo)
La hendidura no era, en realidad, más grande que un rasguño.
La mano de mi abuela tenía la piel fina, con ella, tocaba los rostros de las fotografías, se acariciaba los cabellos, estiradísimos en la frente como cintas de hierba que el viento está a punto de arrancar.
Las ciruelas verdes, bajo el agua, tienen la piel tirante como si fueran a estallar.
Las ciruelas secas no reflejan la luz. Se plisan y plaf, adiós.
Sólo fue ... (ver texto completo)
Bello; muy bello
Gracias por acercarnos la ternura de la palabra, me parece mágico: '... Esa tarde, la abuela se durmió al sol. Y sí que brillaba'.
Maravilloso.
Gracias, de verdad, Paco G.
Gracias por acercarnos la ternura de la palabra, me parece mágico: '... Esa tarde, la abuela se durmió al sol. Y sí que brillaba'.
Maravilloso.
Gracias, de verdad, Paco G.