LES FABES Y EL AMOR
Un día llegó el amor, encontré a un maravilloso caballero y nos
enamoramos. Cuando se hizo evidente que nos casaríamos hice el sacrificio
supremo, como buena asturiana, y dejé de
comer fabes.
Algunos meses más tarde, el día de mi cumpleaños, mi
coche se estropeó de
camino del trabajo a
casa. Como vivía a las afueras llamé a mi marido y le
dije que llegaría tarde porque tenía que ir andando a casa. De camino,
pasé por un pequeño
restaurante y el olor de la fabada
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