Palomar al fondo.
Junto a Concha, algunas otras personas también están volcadas en salvar La Cabrera. Pilar Ortega es una pintora que hace 22 años dejó Madrid y se afincó en Truchillas, en una sencilla casa de piedra, desde cuyo balcón se contempla la pequeña espadaña de la iglesia, dominando un conjunto de tejados pizarrosos. Sólo viven en el lugar doce o catorce personas, en medio de un poema de silencio y rumores de agua.
Por los montes y valles se ven los canales de agua de las explotaciones de oro romanas, así como numerosos castros y coronas astures. Sólo la zona de Corporales ha sido ampliamente estudiada por un equipo dirigido por Sánchez-Palencia, que ha hallado abundantes restos prehistóricos .
Ubicada entre el Teleno, la máxima altura de los Montes de León, y La Sanabria, La Cabrera es una zona montuosa, alejada de ferrocarriles, carreteras nacionales y ciudades. La comarca ha pervivido hasta hoy casi aislada del mundo. Por su arcaísmo y su paisaje desde hace mucho tiempo se le bautizó como Las Hurdes Leonesas , aunque no cabe duda de que hoy ya no sirve esa comparación. La Cabrera conserva aún en pié, casi intactos, núcleos de un interés excepcional.
Imagínese un grupo de valles aislados, cubiertos de robledales y bosques de castaños, donde pervive una multitud de construcciones tradicionales directamente vinculadas a las pallozas que habitaron hace 2000 años las gentes astures. Imagínese un mundo verde, cruzado por arroyos de aguas incontaminadas, que dejan en el aire un eterno mensaje de rumores.
Un mundo mágico, de profundos valles misteriosos y edificaciones vinculadas a las milenarias pallozas astures, ha llegado casi incólume hasta el año 2.000, pero se encuentra en un gravísimo peligro.
Por desgracia, las arcaicas y bellas construcciones van desapareciendo poco a poco, derruidas por el abandono o suplantadas por otras de materiales modernos: uralitas, aluminios y bloques de fibrocemento.
En los barrios más viejos perduran los pajares, reliquias arquitectónicas vinculadas en su técnica constructiva con la época prerromana: son edificaciones de piedra, alargadas, cubiertas de un techado de paja de centeno, sólo comunicadas al exterior por una puerta, similares a las que habitaban los astures.
Mientras el periodista escucha a la antropóloga, rememora un instante de su recorrido por la comarca: la visión de un pajar ubicado en las afueras de Corporales, construido con franjas superpuestas de piedra oscura de pizarra y cuarcita blanca, y rematado con una cruz de piedras blanquecinas. La obra, absolutamente simple, está a caballo del primitivismo y la genialidad, un primitivismo que subrayado al oír a lo lejos los sones de la gaita cabreiresa de Moisés Liébana.
Museo de La Cabrera:

En el pequeño Museo de Encinedo se presentan interesantes aspectos de la vida local: los cultivos, el carro chillón, los trabajos del herrero, las labores del lino, recuerdos de las danzas del paloteo y de representaciones teatrales del Corpus, etc., muestra todo ello de una profunda riqueza cultural del territorio. Un pequeño librito explicativo sirve perfectamente para conocer la zona .
Que gran obra, para tan poca luz como llegaba, cuando llegaba. Se puede decir que valía más el collar que el perro.
Dicen que en la variedad esta el gusto, aunque aqui "más que variedad con gusto" se aprecian "gustos variados".
ANIMO Leo que ya queda menos.
Este es el único castaño que hay en el pueblo. Ahora que se ha comprobado que es un arbol que puede prosperar en ese clima, a ver si se anima alguien más y plantan más, que con el cambio climático que se avecina, darán buenas castañas.
Tenemos que conseguir que algún día todas las calles de Iruela sean de piedra ( cuarcitas, que no resvalan)y entonces si podremos presumir de pueblo, pero poco a poco, se llega.