Qué agradable es pasear por un
senderos paralelo al
río, a la
sombra de los
árboles, escuchando el
agua deslizarse suavemente hacia el
mar, extasiarse mirando la transparencia de un río de
montaña, ver el agua avasallar las
piedras pulidas y limosas por efecto de las lamidas durante milenios de la corriente. El río de
Villabandín sació nuestra sed y la de nuestros animales, nos regaló truchas que le extraíamos a hurtadillas del guardarríos para equilibrar un poco nuestra dieta basada en la
matanza,
... (ver texto completo)