Hace ya muchos años que cuando subes por la
calle del Terrao no se oye a mitad de
camino, antes de llegar a los toriles, el bufido del
toro ni su bramar ni su mugir. Antes, en los toriles había dos animales bellísimos, de calidad y de gran fuerza, uno grande y otro más pequeño. Valían mucho dinero. Los hombres importantes del
pueblo iban a las mejores
ferias de
ganado de
España para encontrar el ejemplar que buscaban, de la raza precisa. Eran animales importantes, los
toros por excelencia.
El
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