El árbol lleva escrita su vida en los restos que enseña
Cuentan de un recordado predicador —de aquellos que tantas historias se recuerdan en nuestras comarcas, de aquellos que el Padre Isla hizo literatura en su ‘Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes’— que en un sermón dominical se le fue un poco el oremus, nunca mejor dicho, y explicando las bondades de la Virgen María no se le ocurrió mejor comparación que la siguiente: “La Virgen María es algo maravilloso; para que lo entendáis os diría que es como un gocho, del que dicen que se aprovecha todo”.
La comparación tenía mejor intención que el resultado final y, además, me permite no adentrarme en caminos complicados y decir que un árbol, joven, viejo, en incluso truncado, es como la Virgen María del viejo predicador, que se aprovecha siempre.
Uno frondoso es la realidad más cercana a la mejor vida. Pero un árbol viejo y hueco es el mejor juguete que pueden encontrar los niños de cualquier tierra, el mejor escondite para sus juegos, la mejor casa para sus sueños. Y nunca te deshauciará el banco.
La corteza de cualquier árbol es el mejor escaparate en el que los adolescentes enamorados dibujen los corazones de sus sueños de amor.
Un anciano árbol cortado, seco y hueco lleva escrito en sus restos el libro de su larga batalla, a cuyas páginas se acercan las hojas verdes que sueñan con que algún día serán un viejo árbol.
Cuentan de un recordado predicador —de aquellos que tantas historias se recuerdan en nuestras comarcas, de aquellos que el Padre Isla hizo literatura en su ‘Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes’— que en un sermón dominical se le fue un poco el oremus, nunca mejor dicho, y explicando las bondades de la Virgen María no se le ocurrió mejor comparación que la siguiente: “La Virgen María es algo maravilloso; para que lo entendáis os diría que es como un gocho, del que dicen que se aprovecha todo”.
La comparación tenía mejor intención que el resultado final y, además, me permite no adentrarme en caminos complicados y decir que un árbol, joven, viejo, en incluso truncado, es como la Virgen María del viejo predicador, que se aprovecha siempre.
Uno frondoso es la realidad más cercana a la mejor vida. Pero un árbol viejo y hueco es el mejor juguete que pueden encontrar los niños de cualquier tierra, el mejor escondite para sus juegos, la mejor casa para sus sueños. Y nunca te deshauciará el banco.
La corteza de cualquier árbol es el mejor escaparate en el que los adolescentes enamorados dibujen los corazones de sus sueños de amor.
Un anciano árbol cortado, seco y hueco lleva escrito en sus restos el libro de su larga batalla, a cuyas páginas se acercan las hojas verdes que sueñan con que algún día serán un viejo árbol.