MANZANEDA DE OMAÑA: ¿En qué quedamos?,...

¿En qué quedamos?,
¿nieva o no nieva?

Que al invierno no lo iba a comer el lobo era algo que ya sabían todos los que cada año lamentan que “ya no nieva como antes”.

Pero el refranero es sabio porque es hijo de Groucho Marx y recurre a lo mismo que el cómico con su ideología cuando afirmaba aquello de “estos son mis principios... pero si no le gustan tengo otros”. De ahí que el refranero nos deje quedarnos a la carta de que “no por mucho madrugar amanece más temprano” pero sin descartar jamás que “a quién madruga Dios le ayuda”. Es decir, ocurra lo que ocurra, hay refrán.

Cuando la Navidad pasó sin una gota de nieve, en la montaña se anunció el apocalipsis que acabábamos de librar con los mayas, pero cuando la noche se cerró en copos no faltó quien veía que tenía “trazas de nevada de verdad, de las que hay que encerrarse en el bar con vino caliente con azúcar, sopas de ajo... y a esperar”.

Pero el amanecer no fue tan terrible como se anunciaba, ni mucho menos. Sólo el gato blanco sufría los rigores de la excesiva claridad. El panadero no faltó, el cartero llegó con la prensa y las cartas del banco, los que tienen un todoterreno lo pudieron sacar pero no se quedaron en casa los que se mueven con un viejo Fura o el eterno 4L.

Pero ya no nieva como antes.

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