Manzanales y nogales
también muestran sus trofeos,
caños cargados de fruta,
que en otoño recogemos.
Robles, abedules, urces,
pintan el monte de verde
y en las riberas del río
verde el chopo se mantiene.
El tomillo y el oriégano
perfuman riscos y peñas;
arándanos azulados
colorean las laderas.
Y cuando llega la otoñada,
y se pierde el verdor,
el paisaje se convierte
en alfombra de color.
Del amarillo del chopo
al rojo de las cerzales,
todos los colores lucen
en las hojas de los árboles.
también muestran sus trofeos,
caños cargados de fruta,
que en otoño recogemos.
Robles, abedules, urces,
pintan el monte de verde
y en las riberas del río
verde el chopo se mantiene.
El tomillo y el oriégano
perfuman riscos y peñas;
arándanos azulados
colorean las laderas.
Y cuando llega la otoñada,
y se pierde el verdor,
el paisaje se convierte
en alfombra de color.
Del amarillo del chopo
al rojo de las cerzales,
todos los colores lucen
en las hojas de los árboles.