MANZANEDA DE OMAÑA: EL REGRESO DE LOS FIERRO A VALDELUGUEROS...

EL REGRESO DE LOS FIERRO A VALDELUGUEROS
Se fue un arriero, vinieron cincuenta triunfadores

Lugueros homenajeó ayer a los descendientes de Toribio e Ildefonso Fierro, una familia siempre generosa con el pueblo

MAURICIO PEÑA

F. Fernández / Lugueros
Lugueros amaneció de feria. Su tradicional feria del Cristo, con los viejos aromas de la ganadería, el trato, la conrobla, las tradiciones ganaderas y las compras para el invierno, las madreñas para la nieve, el pimentón para la matanza… Además de los aromas viejos ofrecía las realidades actuales, puestos de artesanía de las mujeres del lugar, halconeros y gentes de la cetrería, puestos de quesos y dulces, bisutería. Son las nuevas ferias, el aroma de las viejas y las ventas de las nuevas.
Pero a la cita de ayer en Lugueros se sumaba otro aroma viejo, el de la arriería, porque por más que estuvieran allí convocados los miembros de una familia del lugar, los Fierro, una de las más poderosas del país, el origen de todos ellos estaba en un viejo arriero de la comarca, Toribio González - Fierro, natural de Tolibia de Arriba (1853) y casado en segundas nupcias en Lugueros, de quien recordó Ángel Fierro que ‘‘es reconocido como uno de los más famosos arrieros del Concejo de Arbolio, en el ya lejano siglo XIX. Su constancia y esfuerzo acabarían dando lugar a una saga familiar de enorme proyección económica y social, prestigio de esta tierra’’.
Convocados por el Ayuntamiento, que nombraba vecinos de honor a veinte de los miembros de esta familia, acudieron ‘‘a la llamada de la semilla’’ más de medio centenar de miembros de esta familia, encabezados por la entrañable Tía Cuqui, la única hija viva de Ildefonso Fierro, el creador del imperio económico que le dio fama, con presencia en empresas de sectores tan diversos como las navieras, los bancos (fundó el Banco Ibérico, que lo absorvió el Central), los seguros, la minería, el petróleo, la construcción y el cemento, el automovilismo, los fósforos y el tabaco, la publicidad y finalmente la expansión internacional.
Pero para lo que el Ayuntamiento los convocó, la decisión unánime de nombrarlos Vecinos de Honor, se debía fundamentalmente al ‘‘reconocimiento por las numerosas muestras de generosidad que siempre han tenido con este municipio. Es un homenaje justo y un justo homenaje’’, señaló el alcalde Emilio Orejas, que antes había leído una carta que en 1960 le había escrito el maestro don Reinaldo a Ildefonso Fieero en la que le pedían ‘‘nueve o diez mil pesetas para arreglos en la escuela y el banquero le respondió con un cheque de diez mil pesetas’’. Aunque ella lo hacía a escondidas no es menos cierto que ayer Cuqui Fierro fue repartiendo sobres entre la Junta Vecinal, la Iglesia… y comprando en todos los puestos presentes en la feria. ‘‘Lo que tengo muy claro es que mi padre fue un hombre generoso, y me gustaría ser fiel a su memoria, y más aquí, en Lugueros, un pueblo que siempre tuvo en la boca’’.
Los cincuenta miembros de la familia Fierro llenaron los alojamientos de la comarca, muchos de ellos se conocieron en este encuentro, cada uno llegaba desde un punto del país: Asturias, Madrid, Barcelona… o León, como el padre dominico Luis G. Fierro, uno de los más esperados, que llegó, con casi noventa años, conduciendo su propio coche desde su residencia leonesa en el Santuario de la Virgen del Camino.
Los Fierro iban atravesando el pueblo, muchos vecinos les saludaban y decían recordar a alguno de ellos (sobre todo a Cuqui y el citado fraile), pero sobre todo las conversaciones de los vecinos versaban sobre viejas historias de Toribio, Ildefonso o José Fierro, sobre ‘‘la cantidad de gente de la comarca que dieron trabajo en sus numerosas empresas’’. Uno de ellos, de La Vecilla, recordaba una anécdota con el propio Ildefonso Fierro. ‘‘Vinieron a inaugurar la sede de su banco, el Ibérico, en León, en Ordoño II. Yo era ordenanza en el banco y estaba en el interior, llegó un grupo de gente que quería entrar para verlo y no los dejé. A la hora de la inauguración me di cuenta de que era don Ildefonso, me fui a disculpar y me dijo: Muy buen empleado, no era hora de entrar y no tenía porqué dejarme’’.
Los actos más emotivos de la mañana se produjeron en la iglesia. Ya en la misa el párroco, don José, pronunció un emotivo y encendido sermón, en el que recordó cómo la Iglesia fue dañada en la guerra y el Cristo que ayer procesionaron tirado por un barranco. ‘‘Un hombre bueno lo salvó y hoy lo sacamos como el Cristo de la Paz, que es lo que esta tierra necesita’’. También recordó que el cáliz más valioso lleva precisamente el nombre de Cáliz de Arrieros, la profesión de tantas gentes y de Toribio González Fierro.
Al final de la misa, tras una breve presentación a cargo de Ángel Fierro de la biografía de Ildefonso Fierro, el alcalde de Lugueros le entregó a veinte miembros de varias generaciones de Fierro el título de Vecinos de Honor para, a continuación, la 'matriarca del grupo', Cuqui Fierro, descubrir una placa que recuerda esta jornada y a esta familia ‘‘por su apoyo y devoción al territorio de sus raíces’’. El último acto, mucho más íntimo, fue la visita al cementerio, donde reposan los restos de nueve miembros de la familia, incluido Toribio G. Fierro.
Finalizó así el viaje a la memoria arriera y empresarial del valle de Lugueros. Los miembros de la familia volvieron a atravesar, y muchos a conocer, el pueblo de sus raíces, a conversar con sus gentes. La feria también daba sus últimos coletazos, la megafonía anunciaba los premios de los concursos de mastines, caballos, yeguas… el lince de 'los halconeros' ya había superado los nervios de los momentos de vorágine y coches atravesando a su lado.
Val de Lugueros había sido Val de los Fierro, valle de las tradiciones, de la arriería y la feria, de la memoria de sus gentes.