Remontando el curso del río Omaña desde su confluencia con el Luna, el camino por La Garandilla, Trascastro e Inicio subía hasta los altos de Pandorado para confluir allí con otro proveniente de León. Tomaba rumbo al oeste e hilvanaba la sucesión de poblados y explotaciones mineras. En Aguasmestas se bifurcaba. Un ramal, a través del Valle Gordo, terminaba conectando con las minas de Salientes o enlazando con la vía del Sil por Salentinos.
El trazado del camino por La Garadilla constituye la prolongación natural hacia el norte de la vía campamental de Petavonium (Vía 17 Astorga-Braga) y de la Via de la Plata a partir de su entronque en Astorga. Es una vía de raigambre megalítica, principal escenario en la alta edad media de las contiendas entre el reino astur y el emirato cordobés e importante ruta comercial y pecuaria más tarde. Desde Astorga, el camino sigue la Cañada Real de La Vizana hasta la comarca de Inicio, con abundantes minas romanas y asentamientos castreños. Desde allí sigue hasta Sena de Luna. El control en la baja edad media del tráfico de la sal, que discurría por estos caminos desde los puertos cantábricos hasta la meseta, sería una de las bases en que se asentó el poderío económico de la importante familia de los Condes de Luna. (La Construcción del Territorio. Mapa histórico del Noroeste de la Península Ibérica. J. R. Menénez de Luarca. Lunwerg, Barcelona, 2000).
A mitad de trayecto entre Trascastro de Luna y La Garandilla, justo al comienzo de uno de los novísimos puentes que vadean el Omaña, se ve un buen camino que continúa por la margen derecha del río, entre el cauce y el monte.

Este tramo de calzada, seiscientos metros que ya no llevan a ninguna parte, es reliquia de la milenaria vía castreña, romana, medieval, arrieril y pecuaria que enlazó Asturias con la Meseta. El primer trozo -como muestra la fotografía- se ve amplio, plano y muy apañado pero lo que hay más allá es lo interesante de verdad.

Siempre en penumbra, constreñido entre el cauce del río Omaña, la fronda de alisos y la peña, el viejo rompecabezas de piedra se descompone porque nadie lo repara después de cada invierno, cuando el río, salido de madre, arremete contra él malgastando la energía que las compañías eléctricas aun no han podido aprovechar. (Están en ello).
Apenas se ve, pero los omañeses del exilio siguen echando pequeños cantos rodados
encima de ella. Es la Peña de La Fortuna aunque no lo parezca.
Al comienzo del camino, aunque oculta por escobas y matojos surtidos, aún es posible identificar lo poco que emerge de la Peña de la Fortuna después de que los técnicos que dirigieron las obras de la carretera ordenaran tirarla contra el cauce, a modo de escollera, sin contemplaciones sentimentales, tradicionales, culturales o históricas. Total, no era más que una piedra al lado de una fuente que también se perdió.
En El Escobio, término de Trascastro –escribió César Morán- conserva el camino paredes de sostén y de defensa por la parte del río, obra antigua a todas luces... En medio de una soledad aterradora se alza la Peña de la Fortuna, terminada en su parte alta en un plano a modo de mesa. Ese plano superior está lleno de menudas piedras. A su lado brota una fuente. Desde los tiempos de Roma hasta el último tercio del siglo XIX, el camino de El Escobio era paso obligado para la comunicación entre una parte de Asturias y la montaña leonesa con Astorga y León. Por él bajaban los emigrantes en busca de fortuna. Al divisar la peña, el viajero tomaba una piedra en la mano, posaba en tierra su hatillo, bebía agua de la fuente, tiraba ritualmente la piedra y seguía su ruta convencido de que, con esos preservativos, la Fortuna le sería propicia.
6.- Por donde acaba Omaña sosegada
Es asunto curioso de verdad. Omaña acaba en La Piñona de la Utrera, un mojón natural donde precisamente empieza un municipio llamado Las Omañas cuyos términos pertenecen a la comarca conocida como Ribera del Órbigo. ¡Vaya lío! Unos ocho kilómetros más abajo de La Piñona, entre Santiago del Molinillo y Secarejo, se acaba el río Omaña como se acaba el río Luna. Allí se funden los dos para llamarse Órbigo.
Por La Garandilla, entre la arboleda, el valle de Samario desagua en el río Omaña. A lo lejos, muy a lo lejos, se adivina la Sierra de La Filera y demás montes que lindan con Luna y Babia.
Aguas abajo de La Garandilla viene Paladín, el del evocador nombre, el único pueblo del municipio que está a la izquierda del río. En otros tiempos, el puente colgante del Lloncín servía a los vecinos para pasar a La Utrera. Cuando el agua se llevaba el puente, quedaba el recurso de los zancos. Hoy a Paladín llega un ramal de carretera y, además, sobre el pozo y la playa del Lloncín hay un puente colgante y flamante para disfrute y solaz del veraneante.
La urbanización de Paladín es una sola calle, una recolusa - ¿díjelo bien, Margarita? que baja de norte a sur y por donde, en los deshielos, escurren las aguas como si fueran un río paralelo.
De esta fuente pública de Paladín mana agua bendita.
Por debajo de Paladín, a la derecha del río, viene La Utrera...
... y continúa la fronda tan densa, tan oscura, que el río apenas sabe por donde va. Pero allá al fondo, a su derecha, el mojón de La Piñona le manda un aviso: hasta aquí, Omaña, desde aquí, La Ribera. Ahora el río ya sabe que enseguida va a perder hasta su nombre.
7.- La Garandilla

En La Garandilla el río de Samario aboca al Omaña.
Uno de los cinco barrios que componen Valdesamario es La Garandilla. Dice Margarita Álvarez que posiblemente Garandilla proceda de gándara, lugar poblado de maleza y poco productivo. La leyenda lo corrobora cuando afirma que la Virgen se apareció en un área pantanosa que habría sido desecada para permitir la construcción de una capilla allá por los tiempos de la reconquista. El templo actual data del XVIII según atestigua la inscripción IHS, Maria, Joseph Año 1728 visible fuera, en los modillones de la cabecera. 
El trazado del camino por La Garadilla constituye la prolongación natural hacia el norte de la vía campamental de Petavonium (Vía 17 Astorga-Braga) y de la Via de la Plata a partir de su entronque en Astorga. Es una vía de raigambre megalítica, principal escenario en la alta edad media de las contiendas entre el reino astur y el emirato cordobés e importante ruta comercial y pecuaria más tarde. Desde Astorga, el camino sigue la Cañada Real de La Vizana hasta la comarca de Inicio, con abundantes minas romanas y asentamientos castreños. Desde allí sigue hasta Sena de Luna. El control en la baja edad media del tráfico de la sal, que discurría por estos caminos desde los puertos cantábricos hasta la meseta, sería una de las bases en que se asentó el poderío económico de la importante familia de los Condes de Luna. (La Construcción del Territorio. Mapa histórico del Noroeste de la Península Ibérica. J. R. Menénez de Luarca. Lunwerg, Barcelona, 2000).
A mitad de trayecto entre Trascastro de Luna y La Garandilla, justo al comienzo de uno de los novísimos puentes que vadean el Omaña, se ve un buen camino que continúa por la margen derecha del río, entre el cauce y el monte.

Este tramo de calzada, seiscientos metros que ya no llevan a ninguna parte, es reliquia de la milenaria vía castreña, romana, medieval, arrieril y pecuaria que enlazó Asturias con la Meseta. El primer trozo -como muestra la fotografía- se ve amplio, plano y muy apañado pero lo que hay más allá es lo interesante de verdad.

Siempre en penumbra, constreñido entre el cauce del río Omaña, la fronda de alisos y la peña, el viejo rompecabezas de piedra se descompone porque nadie lo repara después de cada invierno, cuando el río, salido de madre, arremete contra él malgastando la energía que las compañías eléctricas aun no han podido aprovechar. (Están en ello).
Apenas se ve, pero los omañeses del exilio siguen echando pequeños cantos rodados
encima de ella. Es la Peña de La Fortuna aunque no lo parezca.
Al comienzo del camino, aunque oculta por escobas y matojos surtidos, aún es posible identificar lo poco que emerge de la Peña de la Fortuna después de que los técnicos que dirigieron las obras de la carretera ordenaran tirarla contra el cauce, a modo de escollera, sin contemplaciones sentimentales, tradicionales, culturales o históricas. Total, no era más que una piedra al lado de una fuente que también se perdió.
En El Escobio, término de Trascastro –escribió César Morán- conserva el camino paredes de sostén y de defensa por la parte del río, obra antigua a todas luces... En medio de una soledad aterradora se alza la Peña de la Fortuna, terminada en su parte alta en un plano a modo de mesa. Ese plano superior está lleno de menudas piedras. A su lado brota una fuente. Desde los tiempos de Roma hasta el último tercio del siglo XIX, el camino de El Escobio era paso obligado para la comunicación entre una parte de Asturias y la montaña leonesa con Astorga y León. Por él bajaban los emigrantes en busca de fortuna. Al divisar la peña, el viajero tomaba una piedra en la mano, posaba en tierra su hatillo, bebía agua de la fuente, tiraba ritualmente la piedra y seguía su ruta convencido de que, con esos preservativos, la Fortuna le sería propicia.
6.- Por donde acaba Omaña sosegada
Es asunto curioso de verdad. Omaña acaba en La Piñona de la Utrera, un mojón natural donde precisamente empieza un municipio llamado Las Omañas cuyos términos pertenecen a la comarca conocida como Ribera del Órbigo. ¡Vaya lío! Unos ocho kilómetros más abajo de La Piñona, entre Santiago del Molinillo y Secarejo, se acaba el río Omaña como se acaba el río Luna. Allí se funden los dos para llamarse Órbigo.
Por La Garandilla, entre la arboleda, el valle de Samario desagua en el río Omaña. A lo lejos, muy a lo lejos, se adivina la Sierra de La Filera y demás montes que lindan con Luna y Babia.
Aguas abajo de La Garandilla viene Paladín, el del evocador nombre, el único pueblo del municipio que está a la izquierda del río. En otros tiempos, el puente colgante del Lloncín servía a los vecinos para pasar a La Utrera. Cuando el agua se llevaba el puente, quedaba el recurso de los zancos. Hoy a Paladín llega un ramal de carretera y, además, sobre el pozo y la playa del Lloncín hay un puente colgante y flamante para disfrute y solaz del veraneante.
La urbanización de Paladín es una sola calle, una recolusa - ¿díjelo bien, Margarita? que baja de norte a sur y por donde, en los deshielos, escurren las aguas como si fueran un río paralelo.
De esta fuente pública de Paladín mana agua bendita.
Por debajo de Paladín, a la derecha del río, viene La Utrera...
... y continúa la fronda tan densa, tan oscura, que el río apenas sabe por donde va. Pero allá al fondo, a su derecha, el mojón de La Piñona le manda un aviso: hasta aquí, Omaña, desde aquí, La Ribera. Ahora el río ya sabe que enseguida va a perder hasta su nombre.
7.- La Garandilla

En La Garandilla el río de Samario aboca al Omaña.
Uno de los cinco barrios que componen Valdesamario es La Garandilla. Dice Margarita Álvarez que posiblemente Garandilla proceda de gándara, lugar poblado de maleza y poco productivo. La leyenda lo corrobora cuando afirma que la Virgen se apareció en un área pantanosa que habría sido desecada para permitir la construcción de una capilla allá por los tiempos de la reconquista. El templo actual data del XVIII según atestigua la inscripción IHS, Maria, Joseph Año 1728 visible fuera, en los modillones de la cabecera.