3.- Los cuatro elementos
Valdesamario: tierra, viento, fuego y agua; los cuatro elementos de que está hecho el mundo según los filósofos presocráticos.
Un escritor nuestro, de los más grandes, suele decir que hay valles o provincias o regiones que son explotadas en plan colonial y cuyo único destino es proveer de materias primas a las regiones más ricas.
Otro filósofo, éste post-socrático y volatinero, copiando una de aquellas máximas que los hippies atribuyeron a los indios norteamericanos, afirmó que la tierra no es de nadie sino del viento.
El viento que peina los abandonados montes de Valdesamario debe de ser muy fecundo en energía y subvenciones. De otro modo no se entiende tantísimo interés en arañar la tierra con pistas y más pistas -de uso restringido al personal autorizado- para plantar molinos y más molinos de viento. Digo yo que, al menos, las cuadrillas de bomberos podrán servirse de las pistas cuando el fuego prenda en estos montes de descuidada yesca, en estas gastadas lomas omañesas añorantes de aquel ganado copioso que velaba por la salud y la limpieza de un bosque donde se empeñan en resistir los últimos urogallos.
Y, hablando de fuego, Valdesamario fue también uno de los grandes proveedores para la industria termoeléctrica nacional. ¡Anda que las generadoras de electricidad no hicieron fuego con el carbón de este valle!
En 1960 Valdesamario tenía 741 habitantes. Hace unos meses le quedaban 220. Las minas a cielo abierto dejaron cicatrices negras en la tierra y poco más. Ya no se ven por ninguna parte ni las tierras de patatal ni las cerezales frondosas que fueron admiración del mundo, ni las fincas primorosamente cuidadas ni los ganados lustrosos... ni siquiera queda un solo mesón en La Garandilla donde saborear sopa de truchas. En esta tierra apenas se defienden algunos prejubilados, algunos irreductibles creyentes de que solo en la tierra está la verdad, algunos viejos que a dónde van a ir a estas alturas y algunos afortunados que han sabido ganarse la vida en otra parte pero que, en vacaciones y fiestas de guardar, regresan para disfrutar de la tierra a la que pertenecen y de la casa familiar que restauraron con la mayor ilusión del mundo.
¿Y el agua? No anda ahora muy sobrado de agua el valle de Samario pero, así y todo, le sangraron el río cerca de las cabeceras, por arriba de Murias de Ponjos, para desviar parte del caudal hacia el embalse de Villameca, regar La Cepeda, dar de beber a Astorga y producir kilowatios eléctricos. Y menos mal que quedó ahí el asunto porque, en los años ochenta, también quisieron represar el río Omaña en la Peña de Los Palicos, por arriba de La Garandilla, para enviar el agua al páramo de sed insaciable y para fabricar electricidad. Los omañeses, los de la Omaña Insumergible, se resistieron y el proyecto de la presa quedó empantanado.
Tierra, viento, fuego y agua y apenas nada de lo que vivir. ¡Estamos apañaos!
El canal en Murias de Ponjos.
4.- La vergüenza torera de un lidiador omañés
De lo que anda sobrado Valdesamario, como toda Omaña, es de leyenda.
Poco más allá del aula geológica pero al otro lado de la carretera, en el fondo del valle y casi escondido entre los árboles, está el pueblo de Ponjos.
Aquí, en Ponjos, una casita humilde ostenta un precioso escudo de armas en cuya bordura puede leerse: No es Melcón porque es mi alcón pues caza africanas buitres que se atreven a el león. (Intentaré encontrar el documento de probanzas nobiliarias porque la leyenda del halcón que caza buitres africanos promete). Cada vez que paso por esta carretera, me acerco a admirar la pequeña obra de arte y a honrar la memoria de su primer dueño que para eso la puso en la fachada, para que fuera vista, celebrada y contada. En esta ocasión acerqueme y quedeme de piedra, como el blasón mismo, al topar con un personaje que me llamó la atención porque el escudo es propiedad privada y yo tengo que saber para qué lo fotografía usted y usted me tiene que informar de lo que pretende porque usted se lucra con la fotografía y el propietario tiene el derecho a saber y la potestad de autorizar y usted me tiene que enviar previamente el texto que va a publicar y qué se yo. La zurra fue de cuidado. A lo mejor no vuelvo.
Valdesamario: tierra, viento, fuego y agua; los cuatro elementos de que está hecho el mundo según los filósofos presocráticos.
Un escritor nuestro, de los más grandes, suele decir que hay valles o provincias o regiones que son explotadas en plan colonial y cuyo único destino es proveer de materias primas a las regiones más ricas.
Otro filósofo, éste post-socrático y volatinero, copiando una de aquellas máximas que los hippies atribuyeron a los indios norteamericanos, afirmó que la tierra no es de nadie sino del viento.
El viento que peina los abandonados montes de Valdesamario debe de ser muy fecundo en energía y subvenciones. De otro modo no se entiende tantísimo interés en arañar la tierra con pistas y más pistas -de uso restringido al personal autorizado- para plantar molinos y más molinos de viento. Digo yo que, al menos, las cuadrillas de bomberos podrán servirse de las pistas cuando el fuego prenda en estos montes de descuidada yesca, en estas gastadas lomas omañesas añorantes de aquel ganado copioso que velaba por la salud y la limpieza de un bosque donde se empeñan en resistir los últimos urogallos.
Y, hablando de fuego, Valdesamario fue también uno de los grandes proveedores para la industria termoeléctrica nacional. ¡Anda que las generadoras de electricidad no hicieron fuego con el carbón de este valle!
En 1960 Valdesamario tenía 741 habitantes. Hace unos meses le quedaban 220. Las minas a cielo abierto dejaron cicatrices negras en la tierra y poco más. Ya no se ven por ninguna parte ni las tierras de patatal ni las cerezales frondosas que fueron admiración del mundo, ni las fincas primorosamente cuidadas ni los ganados lustrosos... ni siquiera queda un solo mesón en La Garandilla donde saborear sopa de truchas. En esta tierra apenas se defienden algunos prejubilados, algunos irreductibles creyentes de que solo en la tierra está la verdad, algunos viejos que a dónde van a ir a estas alturas y algunos afortunados que han sabido ganarse la vida en otra parte pero que, en vacaciones y fiestas de guardar, regresan para disfrutar de la tierra a la que pertenecen y de la casa familiar que restauraron con la mayor ilusión del mundo.
¿Y el agua? No anda ahora muy sobrado de agua el valle de Samario pero, así y todo, le sangraron el río cerca de las cabeceras, por arriba de Murias de Ponjos, para desviar parte del caudal hacia el embalse de Villameca, regar La Cepeda, dar de beber a Astorga y producir kilowatios eléctricos. Y menos mal que quedó ahí el asunto porque, en los años ochenta, también quisieron represar el río Omaña en la Peña de Los Palicos, por arriba de La Garandilla, para enviar el agua al páramo de sed insaciable y para fabricar electricidad. Los omañeses, los de la Omaña Insumergible, se resistieron y el proyecto de la presa quedó empantanado.
Tierra, viento, fuego y agua y apenas nada de lo que vivir. ¡Estamos apañaos!
El canal en Murias de Ponjos.
4.- La vergüenza torera de un lidiador omañés
De lo que anda sobrado Valdesamario, como toda Omaña, es de leyenda.
Poco más allá del aula geológica pero al otro lado de la carretera, en el fondo del valle y casi escondido entre los árboles, está el pueblo de Ponjos.
Aquí, en Ponjos, una casita humilde ostenta un precioso escudo de armas en cuya bordura puede leerse: No es Melcón porque es mi alcón pues caza africanas buitres que se atreven a el león. (Intentaré encontrar el documento de probanzas nobiliarias porque la leyenda del halcón que caza buitres africanos promete). Cada vez que paso por esta carretera, me acerco a admirar la pequeña obra de arte y a honrar la memoria de su primer dueño que para eso la puso en la fachada, para que fuera vista, celebrada y contada. En esta ocasión acerqueme y quedeme de piedra, como el blasón mismo, al topar con un personaje que me llamó la atención porque el escudo es propiedad privada y yo tengo que saber para qué lo fotografía usted y usted me tiene que informar de lo que pretende porque usted se lucra con la fotografía y el propietario tiene el derecho a saber y la potestad de autorizar y usted me tiene que enviar previamente el texto que va a publicar y qué se yo. La zurra fue de cuidado. A lo mejor no vuelvo.