MANZANEDA DE OMAÑA: La Casa de la Viuda....

La Casa de la Viuda.

El programa de la Semana Cultural para este año abarca teatro, títeres, conciertos de blues, swing, folk y otras disciplinas musicales, amén de conferencias de Manuel Olano Pastor, Tomás Mañanes, David Álvarez Rivas y Fulgencio Fernández.
A Fulgencio, como recurso infalible para fijar la atención del público de forma definitiva, un charlatán de feria le recomendó principiar siempre los discursos colando algún vocablo eufónico, exótico e impactante como pudiera ser el nombre de la capital de Islandia. El periodista, después de una alusión a Reykjavík, habló de Ramón Carnicer, don Fidel García y otros paisanos de cuerpo entero. Su intervención fue, como siempre, brillante, profunda, comprometida, ocurrente, divertida y hasta con toques hilarantes muy bien dosificados.
Fulgencio Fernández, como todo cristo sabe, no necesita para nada mentar a Reykjavík.


Don Ovi Wan y don Fulgencio el de Getino.

Durante los últimos tiempos, uno de los promotores más significados de la Semana Cultural en Riello viene siendo el párroco Ovidio Álvarez, también llamado Don Ovi Wan por asimilación a su colega Ben Kenobi, del planeta Tatooine, el más inteligente, voluntarioso y bueno de los Caballeros Jedi.

Alguno de los actos de la Semana Cultural ocurre en la iglesia de Riello.
Hay aquí un retablo -o lo que queda de él- que fue restaurado va poco tiempo pero sigue ensombrecido por la viñeta más truculenta de cuantas evocan martirios horrendos en cualquiera de los templos omañeses.

A la izquierda Herodías, el adúltero pendón. Junto a ella Salomé, más excitante que la guindilla. A la derecha, un oficial de Herodes Antipas especializado en degüellos. En la bandeja, la cabeza del Bautista. Y en el suelo, el chorro de sangre que pone la definitiva nota de color a la burrada bíblica. A la derecha del retablo -ver la obra completa- colocó el maestro tallador a un rey David tañendo el arpa, quiero pensar que como lenitivo.

En otro tiempo la iglesia católica quiso avivar la fé del pueblo y el temor de Dios sirviéndose de la imaginería y la pintura, a veces con escenas tremebundas como ésta. La iglesia reformada se inclinó más por la música como alimento del alma.

Don Ovidio, que debe de estar con la corriente erasmista, trajo de Villablino a su querida Coral Santa Bárbara para que cantase debajo del cuadro del Bautista. Curiosamente, la primera pieza que la coral interpretó fue una del Judas Macabeo de Häendel, la que pide que nos alegremos tañendo instrumentos de música, que aplaudamos, que exaltemos al gran Rey con el canticorum iubilo, el júbilo de nuestros cantos.