SOCIEDAD
La falta de lluvia y la sequía han impedido que prolifere la Amanita Caesárea
La seta más codiciada está viviendo una de las peores campañas que se recuerdan por las malas condiciones climatológicas
Un ejemplar de Amanita Caesárea en un bosque de la provincia de Soria, un bien escaso durante este año. ICAl
Ical / Soria
La falta de lluvia y las condiciones climatológicas adversas han impedido que este verano prolifere en Castilla y León la seta más codiciada, la amanita Caesarea. Los restaurantes no han podido ofrecer el manjar de los Césares en sus cartas. Tampoco han proliferado los Cantharellus Cibarius, el conocido rebozuelo; y los boletus aestivalis, el hongo de verano.
Durante las últimas temporadas estivales se echa en falta la Amanita Caesárea. “Es una seta que cuando aparece lo suele hacer en grandes cantidades”, comenta José, quien pasa por la comarca de Pinares de Soria y Burgos todos los veranos desde Valencia “y me doy una vuelta a unos lugares que yo conozco que son muy adecuados para las amanitas, pero este año no he encontrado nada”.
Las tormentas caídas en algunos rincones de Castilla y León a finales del mes de julio hicieron creer a parte de los aficionados que se podía recuperar la temporada. La pertinaz sequía, con falta de agua en los montes, absorbió el líquido sin que permitiera la proliferación de amanitas.
“Ha hecho mucho calor y no han podido fructificar las amanitas”, manifiesta Luisa Abenza, gerente del Centro Micológico de Navaleno (Soria). “El subsuelo está deshidratado”, añade la persona que se encarga de informar a los visitantes sobre el mundo de las setas para quien “yo nunca había vivido un verano tan caluroso”.
Abenza declara que “creo que este año casi nadie ha cogido cesáreas”. Para la regente del Centro Micologico “el año pasado en la sierra de Neila hubo una florada de amanitas, y se cogieron unas cuantas”. Uno de los aficionados a la recolección de setas se encontró esta semana un boletal. “Vino al Centro y lo mostró como quien se encuentra un tesoro”, dice Luisa.
La Amanita Caesarea es conocida como oronja, amanita de los césares o yema de huevo. Es un hongo basidiomiceto del orden de los Agaricales. La seta puede ser frecuente en el verano y principios del otoño. Se localiza sobre todo en las regiones cálidas en las zonas meridionales de Europa. Muestra preferencia por los terrenos silíceos y bosques aclarados, y aparece principalmente bajo alcornoques, encinas, robles, castaños y, ocasionalmente, en coníferas.
Los robledales son el entorno adecuado en la proliferación de la Amanita Caesárea. “Tienes que acudir a las áreas donde el roble está más crecido” comenta Agustín, quien reconoce “que algún verano he cogido amanitas en el pinar, y seguro que en su momento ahí creció el roble”.
“Yo este verano no he dado con ninguna”, comenta Ángel Leiva, micólogo afincado en Molinos de Duero (Soria) y uno de los fundadores de la Asociación Micológica Caesaraugusta de Zaragoza. Leiva admite que “algún día he mirado por el entorno pero está todo tan seco que hace imposible la presencia de amanitas”.
El micólogo Ángel Leiva precisa que son necesarias las lluvias de la primavera “para que tengamos luego amanitas en verano”. Leiva dice que “La primavera seca de este año arrastraba ya un invierno y otoños anteriores muy secos. Para el especialista, la situación es distinta a la del verano pasado, “cuando sí tuvimos agua durante la primavera y la prueba es que el embalse de La Cuerda del Pozo estaba al doble de líquido embalsado que en la actualidad”.
Si para la Amanita Caesárea la temporada no es la adecuada, tampoco lo está siendo para otras setas que durante el verano, y que en anteriores ocasiones, han sido frecuentes. Es el caso del Cantharellus Cibarius, el conocido rebozuelo, una seta que fructifica junto a las zonas húmedas y trampales de los bosques de coníferas.
“El año pasado cogimos muchos, y este año nada”, confirma Leiva, sabedor que el rebozuelo precisa de agua, condición que no se ha dado durante estas semanas. Los Cantharellus son para los aficionados una de las primeras setas que anuncia la temporada otoñal.
Angel Leiva pudo ver en estos días de atrás la Omphalotus olearius, conocida como la seta del olivo. “Nos trajeron un ramillete y pudimos comprobar cómo la seta tiene propiedades fluorescentes y se ilumina en la oscuridad”, dice Leiva, tras confirmar que el ejemplar no estaba en el mejor estado posible.
Algún rebozuelo y boletus han conseguido estos días para la cocina del restaurante La Lobita de Navaleno (Soria). “Nos los han traído de la zona de Los Picos de Europa”, manifestaba Diego Muñoz, quien dice no haber tenido incluida “en toda la temporada las amanitas”.
La falta de lluvia y la sequía han impedido que prolifere la Amanita Caesárea
La seta más codiciada está viviendo una de las peores campañas que se recuerdan por las malas condiciones climatológicas
Un ejemplar de Amanita Caesárea en un bosque de la provincia de Soria, un bien escaso durante este año. ICAl
Ical / Soria
La falta de lluvia y las condiciones climatológicas adversas han impedido que este verano prolifere en Castilla y León la seta más codiciada, la amanita Caesarea. Los restaurantes no han podido ofrecer el manjar de los Césares en sus cartas. Tampoco han proliferado los Cantharellus Cibarius, el conocido rebozuelo; y los boletus aestivalis, el hongo de verano.
Durante las últimas temporadas estivales se echa en falta la Amanita Caesárea. “Es una seta que cuando aparece lo suele hacer en grandes cantidades”, comenta José, quien pasa por la comarca de Pinares de Soria y Burgos todos los veranos desde Valencia “y me doy una vuelta a unos lugares que yo conozco que son muy adecuados para las amanitas, pero este año no he encontrado nada”.
Las tormentas caídas en algunos rincones de Castilla y León a finales del mes de julio hicieron creer a parte de los aficionados que se podía recuperar la temporada. La pertinaz sequía, con falta de agua en los montes, absorbió el líquido sin que permitiera la proliferación de amanitas.
“Ha hecho mucho calor y no han podido fructificar las amanitas”, manifiesta Luisa Abenza, gerente del Centro Micológico de Navaleno (Soria). “El subsuelo está deshidratado”, añade la persona que se encarga de informar a los visitantes sobre el mundo de las setas para quien “yo nunca había vivido un verano tan caluroso”.
Abenza declara que “creo que este año casi nadie ha cogido cesáreas”. Para la regente del Centro Micologico “el año pasado en la sierra de Neila hubo una florada de amanitas, y se cogieron unas cuantas”. Uno de los aficionados a la recolección de setas se encontró esta semana un boletal. “Vino al Centro y lo mostró como quien se encuentra un tesoro”, dice Luisa.
La Amanita Caesarea es conocida como oronja, amanita de los césares o yema de huevo. Es un hongo basidiomiceto del orden de los Agaricales. La seta puede ser frecuente en el verano y principios del otoño. Se localiza sobre todo en las regiones cálidas en las zonas meridionales de Europa. Muestra preferencia por los terrenos silíceos y bosques aclarados, y aparece principalmente bajo alcornoques, encinas, robles, castaños y, ocasionalmente, en coníferas.
Los robledales son el entorno adecuado en la proliferación de la Amanita Caesárea. “Tienes que acudir a las áreas donde el roble está más crecido” comenta Agustín, quien reconoce “que algún verano he cogido amanitas en el pinar, y seguro que en su momento ahí creció el roble”.
“Yo este verano no he dado con ninguna”, comenta Ángel Leiva, micólogo afincado en Molinos de Duero (Soria) y uno de los fundadores de la Asociación Micológica Caesaraugusta de Zaragoza. Leiva admite que “algún día he mirado por el entorno pero está todo tan seco que hace imposible la presencia de amanitas”.
El micólogo Ángel Leiva precisa que son necesarias las lluvias de la primavera “para que tengamos luego amanitas en verano”. Leiva dice que “La primavera seca de este año arrastraba ya un invierno y otoños anteriores muy secos. Para el especialista, la situación es distinta a la del verano pasado, “cuando sí tuvimos agua durante la primavera y la prueba es que el embalse de La Cuerda del Pozo estaba al doble de líquido embalsado que en la actualidad”.
Si para la Amanita Caesárea la temporada no es la adecuada, tampoco lo está siendo para otras setas que durante el verano, y que en anteriores ocasiones, han sido frecuentes. Es el caso del Cantharellus Cibarius, el conocido rebozuelo, una seta que fructifica junto a las zonas húmedas y trampales de los bosques de coníferas.
“El año pasado cogimos muchos, y este año nada”, confirma Leiva, sabedor que el rebozuelo precisa de agua, condición que no se ha dado durante estas semanas. Los Cantharellus son para los aficionados una de las primeras setas que anuncia la temporada otoñal.
Angel Leiva pudo ver en estos días de atrás la Omphalotus olearius, conocida como la seta del olivo. “Nos trajeron un ramillete y pudimos comprobar cómo la seta tiene propiedades fluorescentes y se ilumina en la oscuridad”, dice Leiva, tras confirmar que el ejemplar no estaba en el mejor estado posible.
Algún rebozuelo y boletus han conseguido estos días para la cocina del restaurante La Lobita de Navaleno (Soria). “Nos los han traído de la zona de Los Picos de Europa”, manifestaba Diego Muñoz, quien dice no haber tenido incluida “en toda la temporada las amanitas”.