MANZANEDA DE OMAÑA: os felices de no tener que volver a ver lo que vieron...

os felices de no tener que volver a ver lo que vieron


Esos ojos listos y felices, de Tío Quico el de la Valdería, han visto de todo en los 111 años que han tenido el privilegio de estar abiertos.

Seguramente están felices de no tener que volver a ver lo que ya han visto, hasta tal punto que sólo los cierra, agacha la cabeza y deja de sonreír cuando hasta sus oídos llega una palabra: guerra.

La guerra. La misma que le quitó todo el capital que había reunido en la lejana Argentina trabajando de sol a sol en aquellas tierras de ultramar. Vino para llevarse a la familia y los tiros le impidieron volver a salir en años, cuando ya lo había perdido todo.

La sinrazón de aquellos años le obligó un día a enterrar a unos hombres fusilados. No los conocía, nada sabía de ellos, por nada del mundo quería echarles tierra encima pero una pistola le apuntó a la cabeza y temió ser un enterrado más que el enterrador de unos desconocidos. Jamás olvidó aquel día, ni aquel monte, por eso, con 105 años fue a aquel lugar y le dijo a quien los buscaba: ‘‘Ahí’’. Y allí estaban.

Sólo esa palabra le asusta y entristece, la guerra. Las demás no. Cuando a su oído le dices ‘‘trabajo’’ no cierra los ojos, los abre más, le chispean de listo y feliz y susurra: ‘‘Trabajo, qué más quisiera que valer aunque nada más fuera para cortar la leña para la lumbre’’.

Tampoco el hambre le gusta, por eso repite, ‘‘dales algo a estos hombres’’.

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