Cuando el gato está, algo hay que merece la pena
El viejo lavabo fue una de las joyas de la modesta casa de un pueblo de esa tierra tan nuestra de la Cabrera que un día fue Hurdes y hoy es pizarra y cantera.
El viejo lavabo recibió las visitas de todos los vecinos de la casa que lo acogió, era toda una novedad y venía a poner punto final a aquellos amaneceres en los que las gentes de la casa se lavaban las manos en el fregadero, con jabón Lagarto, y con ellas mojadas se daban una pasada por la cabeza para colocar los pelos, humedecerlos y que el peine rematara la faena para salir a la calle.
Llegó el lavabo ‘haciendo juego’ con un water, blanco como él, que evitaba aquellas salidas en noches de helada y nieve al corral o la cuadra para “hacer las necesidades”.
Pero la novedad envejeció. También para el lavabo llegó el recambio, un plato de ducha con otro lavabo más moderno, con una jabonera en la que no cabe el jabón Lagarto. Y él quedó arrumbado en la huerta, convertido en un florero que regalaba sus colores y olores.
La despoblación hizo que nadie cambiara la tierra, que no hubiera agua para las flores y el viejo lavabo muestra su cara más seca y dura, la del olvido y las hierbas muertas.
Pero siempre habrá un gato que sea fiel a los viejos cariños, que recuerde cuando bebía agua allí.
http://www. lacronicadeleon. es/2012/07/27/fotografia. html
El viejo lavabo fue una de las joyas de la modesta casa de un pueblo de esa tierra tan nuestra de la Cabrera que un día fue Hurdes y hoy es pizarra y cantera.
El viejo lavabo recibió las visitas de todos los vecinos de la casa que lo acogió, era toda una novedad y venía a poner punto final a aquellos amaneceres en los que las gentes de la casa se lavaban las manos en el fregadero, con jabón Lagarto, y con ellas mojadas se daban una pasada por la cabeza para colocar los pelos, humedecerlos y que el peine rematara la faena para salir a la calle.
Llegó el lavabo ‘haciendo juego’ con un water, blanco como él, que evitaba aquellas salidas en noches de helada y nieve al corral o la cuadra para “hacer las necesidades”.
Pero la novedad envejeció. También para el lavabo llegó el recambio, un plato de ducha con otro lavabo más moderno, con una jabonera en la que no cabe el jabón Lagarto. Y él quedó arrumbado en la huerta, convertido en un florero que regalaba sus colores y olores.
La despoblación hizo que nadie cambiara la tierra, que no hubiera agua para las flores y el viejo lavabo muestra su cara más seca y dura, la del olvido y las hierbas muertas.
Pero siempre habrá un gato que sea fiel a los viejos cariños, que recuerde cuando bebía agua allí.
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