Al llegar a este abedular abandonamos la pista que se dirige al final del valle para tomar otra que surge hacia el Sur, en dirección a El Cueto que ya habíamos dejado atrás, a través del paraje de Las Bouzas.
Subiendo a Devesa Cortada con el Tambarón de fondo
Este es el camino que nos lleva a conocer otro bidular importante de Montrondo, el de la Devesa Cortada, mucho más fresco y protegido que el anterior.
Vamos a recorrer este valle de Devesa Cortada hasta la collada Vicicuende para luego abandonar la cómoda pista y deslizarnos a través de un minúsculo senderín que desciende entre el arroyo y el bidular volviendo a subir luego hacia otra collada, la de Chozo Valle. Pero vamos por partes…
Bosque de Devesa Cortada
La pista nos sube hasta la collada Vicicuende, que separa las aguas de Montrondo de las aguas de Fasgare, un estupendo punto panorámico desde el cual podemos contemplar el valle de Urdiales que desciende hacia el Valle Gordo, El Tambarón, Peña Cefera, Fernán Pérez y Las Peñonas que cierran el Campo de Santiago, ya en terrenos del Río Boeza. Hacia el sur también aparecen destacables montes como el Alto la Cañada, máxima altura de Omaña, aparte de una buena perspectiva de todo este bosque de Devesa Cortada.
Tambarón desde Vicicuende
Las Peñonas de Vizbueno
Nos toca salir de la pista que viene protegida todo el rato por una verja metálica y descender hacia el arroyo de una manera un poco incierta e insegura. Tendréis que fiaros del que escribe y continuar unos escasos metros entre escobar y monte algo incómodo hasta encontrar el senderín constante que nos lleva por todo el valle hacia la segunda collada del día.
Descendiendo por Devesa Cortada
Todo este recorrido bajo el abedular es bastante atractivo, y los colores de los capudos (Sérbal de los Cazadores) nos entretienen en cada visión.
Llegamos a la collada de Chozo Valle, donde alguna vieja muria nos delata su pasado ganadero. Hoy, el monte está borrando todo estas huellas, y apenas se dejan ver indicios humanos. Ni tan siquiera las antiguas minas de Antimonio que según Don Benigno se explotaron en este valle décadas atrás.
Murias desde la bajada de la collada
Desde la collada parte un mejor y cómodo camino que desciende hacia Murias de Paredes, que se deja ver al fondo. El recorrido nos permite ver la cara sur de El Cueto y poco a poco nos vamos metiendo de nuevo en otro valle bastante chulo y fresco donde crece otro gran bosque de abedules, que no es otro que el que comienza casi en Senra y finaliza en Montrondo.
Abedular de Murias y Montrondo
Abajo, volvemos a pasar el Omaña y salimos a la carretera en un punto muy cercano a Murias, por lo que deberemos volver a Montrondo primero por la calzada y luego por un camino señalizado por Cuatro Valles. Es apenas un kilómetro.
Llegamos de nuevo a Montrondo y allí nos está esperando Don Benigno. Aunque sus primeras palabras son de reprimenda por no haber subido al mítico Tambarón, desde donde el cual según él se ven las mejores vistas de la comarca, luego comenzamos a relatarle la ruta y a preguntarle sobre Montrondo y sus abedulares, dándole rienda suelta a sus conocimientos sobre el lugar.
Decoración omañesa
Con 87 años, Benigno, que fue cazador desde los 14 años según nos comenta, ha visto pasar el siglo bajo las cumbres de Nevadín, Tambarón y otros tantos montes de la zona, pues nos dice que él ha andado todo lo que hay que andar por esta tierra.
“El bidular de Murias es el más grande de toda la comunidad económica europea”, así de rotundo nos habla sobre la grandeza de sus bosques, “que no es el bidular de Montrondo, como erróneamente dicen, sino que es de Murias en general, pues empieza en Senra y acaba casi en Fasgarón y Viveiru, donde está la Teixera, aunque (entre risas) no he visto nunca teixos allí”.
Benigno, o Maligno, como él se autodenomina en broma cuando le preguntan por su nombre “y es que ya estoy cansado de ser bueno y con la edad me he vuelto malo”, fue cazador como antes apuntamos, pero no un cazador cualquiera, sino uno de los buenos, de esos al que el lobo y el corzo temen de verdad.
“El Urogallo, o faisán como aquí le llaman, se acabaron hace años pero últimamente se empiezan a ver de nuevo algo”. Nos cuenta que un largo periodo de tiempo estos montes estuvieron sin Urogallos por el gran furtivismo que existió, y que hasta hace poco no se han vuelto a ver de nuevo campar los acebales de Murias. “Una vez cazando me salió uno, y no lo maté porque no sabía ni lo que era, tuve que preguntar a uno de los más viejos del pueblo para decirme que pájaro ese”. “El Oso alguna vez pasa desde Salientes y esos valles, pero pocas veces”.
Benigno, un libro abierto
Hablar con Benigno, sobre todo estos temas tan bellos, es algo que hay que hacer obligatoriamente si visitamos Montrondo. Con mucha pena tenemos que partir y nos despedimos de él advirtiéndole que no tardando mucho volveremos aquí a subir el Tambarón y queremos pasar la tarde con él compartiendo tanto conocimiento, lo cual nos contesta que el mismo nos indicará cómo tenemos que subir la montaña, pues la gente no sabe subirla bien.
Marchamos de Montrondo esta tarde de Septiembre no sin antes parar a tomar un refrigerio en el restaurante de Senra “Cumbres de Omaña”, el cual recomiendo si los paladares aprecian la buena comida de pueblo, así como el centro de turismo rural “El Holandés Errante” de Murias.
Subiendo a Devesa Cortada con el Tambarón de fondo
Este es el camino que nos lleva a conocer otro bidular importante de Montrondo, el de la Devesa Cortada, mucho más fresco y protegido que el anterior.
Vamos a recorrer este valle de Devesa Cortada hasta la collada Vicicuende para luego abandonar la cómoda pista y deslizarnos a través de un minúsculo senderín que desciende entre el arroyo y el bidular volviendo a subir luego hacia otra collada, la de Chozo Valle. Pero vamos por partes…
Bosque de Devesa Cortada
La pista nos sube hasta la collada Vicicuende, que separa las aguas de Montrondo de las aguas de Fasgare, un estupendo punto panorámico desde el cual podemos contemplar el valle de Urdiales que desciende hacia el Valle Gordo, El Tambarón, Peña Cefera, Fernán Pérez y Las Peñonas que cierran el Campo de Santiago, ya en terrenos del Río Boeza. Hacia el sur también aparecen destacables montes como el Alto la Cañada, máxima altura de Omaña, aparte de una buena perspectiva de todo este bosque de Devesa Cortada.
Tambarón desde Vicicuende
Las Peñonas de Vizbueno
Nos toca salir de la pista que viene protegida todo el rato por una verja metálica y descender hacia el arroyo de una manera un poco incierta e insegura. Tendréis que fiaros del que escribe y continuar unos escasos metros entre escobar y monte algo incómodo hasta encontrar el senderín constante que nos lleva por todo el valle hacia la segunda collada del día.
Descendiendo por Devesa Cortada
Todo este recorrido bajo el abedular es bastante atractivo, y los colores de los capudos (Sérbal de los Cazadores) nos entretienen en cada visión.
Llegamos a la collada de Chozo Valle, donde alguna vieja muria nos delata su pasado ganadero. Hoy, el monte está borrando todo estas huellas, y apenas se dejan ver indicios humanos. Ni tan siquiera las antiguas minas de Antimonio que según Don Benigno se explotaron en este valle décadas atrás.
Murias desde la bajada de la collada
Desde la collada parte un mejor y cómodo camino que desciende hacia Murias de Paredes, que se deja ver al fondo. El recorrido nos permite ver la cara sur de El Cueto y poco a poco nos vamos metiendo de nuevo en otro valle bastante chulo y fresco donde crece otro gran bosque de abedules, que no es otro que el que comienza casi en Senra y finaliza en Montrondo.
Abedular de Murias y Montrondo
Abajo, volvemos a pasar el Omaña y salimos a la carretera en un punto muy cercano a Murias, por lo que deberemos volver a Montrondo primero por la calzada y luego por un camino señalizado por Cuatro Valles. Es apenas un kilómetro.
Llegamos de nuevo a Montrondo y allí nos está esperando Don Benigno. Aunque sus primeras palabras son de reprimenda por no haber subido al mítico Tambarón, desde donde el cual según él se ven las mejores vistas de la comarca, luego comenzamos a relatarle la ruta y a preguntarle sobre Montrondo y sus abedulares, dándole rienda suelta a sus conocimientos sobre el lugar.
Decoración omañesa
Con 87 años, Benigno, que fue cazador desde los 14 años según nos comenta, ha visto pasar el siglo bajo las cumbres de Nevadín, Tambarón y otros tantos montes de la zona, pues nos dice que él ha andado todo lo que hay que andar por esta tierra.
“El bidular de Murias es el más grande de toda la comunidad económica europea”, así de rotundo nos habla sobre la grandeza de sus bosques, “que no es el bidular de Montrondo, como erróneamente dicen, sino que es de Murias en general, pues empieza en Senra y acaba casi en Fasgarón y Viveiru, donde está la Teixera, aunque (entre risas) no he visto nunca teixos allí”.
Benigno, o Maligno, como él se autodenomina en broma cuando le preguntan por su nombre “y es que ya estoy cansado de ser bueno y con la edad me he vuelto malo”, fue cazador como antes apuntamos, pero no un cazador cualquiera, sino uno de los buenos, de esos al que el lobo y el corzo temen de verdad.
“El Urogallo, o faisán como aquí le llaman, se acabaron hace años pero últimamente se empiezan a ver de nuevo algo”. Nos cuenta que un largo periodo de tiempo estos montes estuvieron sin Urogallos por el gran furtivismo que existió, y que hasta hace poco no se han vuelto a ver de nuevo campar los acebales de Murias. “Una vez cazando me salió uno, y no lo maté porque no sabía ni lo que era, tuve que preguntar a uno de los más viejos del pueblo para decirme que pájaro ese”. “El Oso alguna vez pasa desde Salientes y esos valles, pero pocas veces”.
Benigno, un libro abierto
Hablar con Benigno, sobre todo estos temas tan bellos, es algo que hay que hacer obligatoriamente si visitamos Montrondo. Con mucha pena tenemos que partir y nos despedimos de él advirtiéndole que no tardando mucho volveremos aquí a subir el Tambarón y queremos pasar la tarde con él compartiendo tanto conocimiento, lo cual nos contesta que el mismo nos indicará cómo tenemos que subir la montaña, pues la gente no sabe subirla bien.
Marchamos de Montrondo esta tarde de Septiembre no sin antes parar a tomar un refrigerio en el restaurante de Senra “Cumbres de Omaña”, el cual recomiendo si los paladares aprecian la buena comida de pueblo, así como el centro de turismo rural “El Holandés Errante” de Murias.