Los mineros, los únicos capaces de vestir hierro y seda
Solo los mineros son capaces de vestir hierro y seda sin que ninguno de los dos trajes les haga daño, sin que les quede grande la horma.
Los mismos mineros que caminan por la carretera haciendo amigos, saludando a quien aplaude a los trabajadores que se niegan a agachar la cabeza cuando el poder lo ordena son capaces de taparse la cara bajo una capucha, de hacer de un tuvo de PVC un artefacto de combate, y plantarle cara a aquellos que obedecen a un poder que insiste en que agachen la cabeza, callen la boca y acaten las órdenes, que hay quien piensa que el único voto que ha tomado el obrero al entrar a ese convento que llaman fábrica es el de la ciega obediencia a quien luce, como diría el gran García Calvo, “la cara del que sabe”.
Sólo los mineros son capaces de hacer seda del hierro. Sólo ellos cumplen al bajar al corazón negro de la tierra el rito de ir cogiendo su casco y su lámpara en una monótona repetición diaria y hacen de ese mismo acto, el de recoger su casco para cantar con la rodilla en tierra el himno de su patrona, el momento más sobrecogedor de su larga jornada de camino, hasta el punto de que son muchos los que lo han visto una vez y no lo olvidan en toda su vida.
Por eso son diferentes, por eso no dan su brazo a torcer, por eso saben que vencerán... Soria aún lo duda.
http://www. lacronicadeleon. es/2012/07/05/fotografia. html
Solo los mineros son capaces de vestir hierro y seda sin que ninguno de los dos trajes les haga daño, sin que les quede grande la horma.
Los mismos mineros que caminan por la carretera haciendo amigos, saludando a quien aplaude a los trabajadores que se niegan a agachar la cabeza cuando el poder lo ordena son capaces de taparse la cara bajo una capucha, de hacer de un tuvo de PVC un artefacto de combate, y plantarle cara a aquellos que obedecen a un poder que insiste en que agachen la cabeza, callen la boca y acaten las órdenes, que hay quien piensa que el único voto que ha tomado el obrero al entrar a ese convento que llaman fábrica es el de la ciega obediencia a quien luce, como diría el gran García Calvo, “la cara del que sabe”.
Sólo los mineros son capaces de hacer seda del hierro. Sólo ellos cumplen al bajar al corazón negro de la tierra el rito de ir cogiendo su casco y su lámpara en una monótona repetición diaria y hacen de ese mismo acto, el de recoger su casco para cantar con la rodilla en tierra el himno de su patrona, el momento más sobrecogedor de su larga jornada de camino, hasta el punto de que son muchos los que lo han visto una vez y no lo olvidan en toda su vida.
Por eso son diferentes, por eso no dan su brazo a torcer, por eso saben que vencerán... Soria aún lo duda.
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