MANZANEDA DE OMAÑA: En los ríos pequeños hay que ser muy meticulosos. No...

En los ríos pequeños hay que ser muy meticulosos. No hay lugar que no merezca ser escudriñado. Antes de llegar las cañas se encontraban truchas en cualquier piedra, pero desde entonces...

En el río hay lugares y piedras privilegiadas que suelen estar ocupadas por las truchas más grandes. Lugares un tanto misteriosos que bien me gustaría saber por qué la trucha tiene esa querencia a ocuparlos. Conocíamos estos lugares y era bien sabido de todos, que si hoy se cogían en él una o dos truchas, antes de ocho días, otras volvían a ocuparlo.

Más aún. Ocurre con mucha frecuencia que se te va una trucha de una piedra. A los diez minutos o antes ha vuelto de nuevo a ella. Y esto con más seguridad si se trata de dos truchas emparejadas.

Un pescador me contaba: «Pescando en el Curueño, encontré dos truchas de medio kg. debajo de un peñasco. El lugar estaba muy batido por la corriente, hasta el punto que para no ser arrastrado por la fuerza del agua, mi acompañante me sujetó por un brazo. Saqué una, la otra se fue. Respiramos un poco, tanteamos de nuevo la piedra y... allí estaba ya de nuevo la antes escapada. Corrió la misma suerte que su compañera».

Si hay piedras que tienen un atractivo especial y las truchas encuentran en ellas algo más que un escondite, también es cierto que de otras piedras huyen como la paloma del gavilán.