No enseñan las bojas, las tienen, en los pies y en el alma
No enseñan las bojas por enseñarlas, las tienen. En los pies y en el alma. No destrozan las botas por destrozarlas, lo necesitan para que todo el mundo sepa que siguen caminando, que no se detendrán hasta llegar a la meta que se han puesto. No lucen señales de socorro en sus camisetas como una frase ingeniosa más simplemente denuncian su verdad y su realidad, que en el horizonte no hay nada, que en el futuro no hay futuro, que en sus valles no habrá vida, que en sus casas no habrá trabajo, que son números... rojos.
Caminan, lo hacen porque lo tienen que hacer y el tiempo les dará la razón una vez más. Ya se la está dando. Ahora resulta que el ministro dice que no hay nada que desee más que sentarse a negociar con ellos, con los mineros, después de repetir una y mil veces esa frase tan de moda entre los geómetras de la vida, los dictadores de la economía: “Esto es lo que hay”.
Y miente pero no se le cae la cara de vergüenza. Y hoy se mira al espejo para acostarse sin asustarse de sí mismo y su propia tontuna. Y mañana se levanta y al ponerse la corbata se sonríe a sí mismo pensando en lo listo que es. Y cuando le abren la puerta del coche oficial ve el mundo a sus pies. Y al llegar al Ministerio pide números, dadme números.
Y le llevan las fotos de los mineros que caminan, de las bojas...
http://www. lacronicadeleon. es/2012/06/15/fotografia. html
No enseñan las bojas por enseñarlas, las tienen. En los pies y en el alma. No destrozan las botas por destrozarlas, lo necesitan para que todo el mundo sepa que siguen caminando, que no se detendrán hasta llegar a la meta que se han puesto. No lucen señales de socorro en sus camisetas como una frase ingeniosa más simplemente denuncian su verdad y su realidad, que en el horizonte no hay nada, que en el futuro no hay futuro, que en sus valles no habrá vida, que en sus casas no habrá trabajo, que son números... rojos.
Caminan, lo hacen porque lo tienen que hacer y el tiempo les dará la razón una vez más. Ya se la está dando. Ahora resulta que el ministro dice que no hay nada que desee más que sentarse a negociar con ellos, con los mineros, después de repetir una y mil veces esa frase tan de moda entre los geómetras de la vida, los dictadores de la economía: “Esto es lo que hay”.
Y miente pero no se le cae la cara de vergüenza. Y hoy se mira al espejo para acostarse sin asustarse de sí mismo y su propia tontuna. Y mañana se levanta y al ponerse la corbata se sonríe a sí mismo pensando en lo listo que es. Y cuando le abren la puerta del coche oficial ve el mundo a sus pies. Y al llegar al Ministerio pide números, dadme números.
Y le llevan las fotos de los mineros que caminan, de las bojas...
http://www. lacronicadeleon. es/2012/06/15/fotografia. html