MANZANEDA DE OMAÑA: La insoportable crudeza de la pregunta de la silla...

La insoportable crudeza de la pregunta de la silla


Confieso que me supera el tema de los hijos robados. Confieso que apago la televisión, que me parece obscena la monja que entra a los juzgados, que no puedo entender a un médico que haya jugado a esta terrible historia... Confieso que miro a los chavales que duermen tranquilos y me produce escalofríos.

Pienso en esa frase que tantas veces he escuchado a algunas mujeres tristes, las que han enterrado a un hijo, y todas coinciden en que esa pena ya no se borra nunca, que se muere con ella. Es inevitable seguir el razonamiento ¿Cómo será la pena de una madre que entierra a un hijo que realmente está vivo?, a un hijo que en vez de robártelo la muerte se la ha llevado algún desalmado que cree que el poder lo justifica todo, que cree que el dinero lo paga todo, que se siente un dios capaz de repartir el título de quién es digna de ser madre y a quién se le puede arrancar de entre los brazos con mentiras y alevosía...

Es insoportable la crudeza de la pregunta que hace esa silla vacía. Es imperdonable la maldad de quien un día la vació. Es terrible leer que esta tierra nuestra tiene decenas de sillas vacías en las que alguna madre sólo puede pasear a una pregunta, a una interrogación.
Tiene que ser desesperante ir por la calle mirando las caras para ver si alguna tiene tus mismos rasgos.