-Fray Gerundio de Campazas y el Viernes Santo-
Con motivo de la Semana Santa, recogemos un interesante retazo alusivo a la misma, de la obra de José Francisco de Isla: "Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, escrita por el Licdo. Don Francisco Lobón de Salazar…quien la dedica al público", publicada en 1758:
Viernes Santo
Por la mañana, a las cuatro, la Pasión. No la hay más célebre en toda la redonda. Asiste al sermón, debajo del púlpito, el mayordomo de la Cruz, vestido de Jesús Nazareno. Cuando se llega al paso del Ecce homo, sube al púlpito, y el predicador le muestra al pueblo, haciendo las ponderaciones y exclamaciones correspondientes a este paso. Es grande la comoción, y se ha observado ser mucho mayor que si se mostrara una imagen del Salvador en aquel trance. Pronunciada la sentencia por Pilatos, es obligación del escribano de la villa, y en su ausencia del fiel de fechos, notificársela a Jesús Nazareno, esto es, al mayordomo de la Cruz, que se encoge de hombros con grande humilidad en señal de su acetación. Cuando sale del pretorio para el monte Calvario, el sacristán o, faltando éste, el muñidor, con voz ronca y descompasada, publica el pregón de los delitos de aquel hombre. Rara vez deja de haber desmayos. En el momento en que expira, y dice el predicador expiravit, tocan las campanas a muerto. Hace el predicador una breve suspensión o pausa, y después él mismo entona el responso Ne recorderis, continuándole los clérigos; y se acaba la función con el Requiescat in pace.
Por la tarde, a las tres, el Descendimiento. Se hace en la plazuela, que está delante de la iglesia, si el tiempo lo permite. Se ejecutan en él los mismos juegos de manos que en los demás Descendimientos. Salen los venerables varones que representan a San Juan Evangelista, a Nicodemus y a José Abarimatías, con sus toallas, martillos y tenazas, estando ya prevenidas las dos escaleras arrimadas a los brazos de la cruz del medio. Colócase a un lado del teatro una devota imagen de la Soledad, con goznes en el pescuezo, brazos y manos, que se manejan por unos alambres ocultos para las inclinaciones y movimientos correspondientes, cuando San Juan va presentando los instrumentos de la crucifixión, y sobre todo cuando al último los tres venerables varones ponen delante de la imagen el cuerpo difunto de su Hijo, pidiendo la licencia de enterrarle. Suele ser día de juicio. El predicador que de todos desempeñó con mayor aire esta función, fue el que tomó por asunto de ella Los títeres espirituales; y al acabar por la mañana el sermón de la Pasión, convidó al auditorio para una función de títeres. Todo dio gran golpe.
Recogido de Peralvillo de León
Con motivo de la Semana Santa, recogemos un interesante retazo alusivo a la misma, de la obra de José Francisco de Isla: "Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, escrita por el Licdo. Don Francisco Lobón de Salazar…quien la dedica al público", publicada en 1758:
Viernes Santo
Por la mañana, a las cuatro, la Pasión. No la hay más célebre en toda la redonda. Asiste al sermón, debajo del púlpito, el mayordomo de la Cruz, vestido de Jesús Nazareno. Cuando se llega al paso del Ecce homo, sube al púlpito, y el predicador le muestra al pueblo, haciendo las ponderaciones y exclamaciones correspondientes a este paso. Es grande la comoción, y se ha observado ser mucho mayor que si se mostrara una imagen del Salvador en aquel trance. Pronunciada la sentencia por Pilatos, es obligación del escribano de la villa, y en su ausencia del fiel de fechos, notificársela a Jesús Nazareno, esto es, al mayordomo de la Cruz, que se encoge de hombros con grande humilidad en señal de su acetación. Cuando sale del pretorio para el monte Calvario, el sacristán o, faltando éste, el muñidor, con voz ronca y descompasada, publica el pregón de los delitos de aquel hombre. Rara vez deja de haber desmayos. En el momento en que expira, y dice el predicador expiravit, tocan las campanas a muerto. Hace el predicador una breve suspensión o pausa, y después él mismo entona el responso Ne recorderis, continuándole los clérigos; y se acaba la función con el Requiescat in pace.
Por la tarde, a las tres, el Descendimiento. Se hace en la plazuela, que está delante de la iglesia, si el tiempo lo permite. Se ejecutan en él los mismos juegos de manos que en los demás Descendimientos. Salen los venerables varones que representan a San Juan Evangelista, a Nicodemus y a José Abarimatías, con sus toallas, martillos y tenazas, estando ya prevenidas las dos escaleras arrimadas a los brazos de la cruz del medio. Colócase a un lado del teatro una devota imagen de la Soledad, con goznes en el pescuezo, brazos y manos, que se manejan por unos alambres ocultos para las inclinaciones y movimientos correspondientes, cuando San Juan va presentando los instrumentos de la crucifixión, y sobre todo cuando al último los tres venerables varones ponen delante de la imagen el cuerpo difunto de su Hijo, pidiendo la licencia de enterrarle. Suele ser día de juicio. El predicador que de todos desempeñó con mayor aire esta función, fue el que tomó por asunto de ella Los títeres espirituales; y al acabar por la mañana el sermón de la Pasión, convidó al auditorio para una función de títeres. Todo dio gran golpe.
Recogido de Peralvillo de León