MANZANEDA DE OMAÑA: “Si un día no vengo, vete a buscarme”...

“Si un día no vengo, vete a buscarme”

Noventa y nueve años, camino de los cien, tienen estas manos que mueven las fichas. Son las de Panines, el de Mansilla, quien no falta ni un solo día a su cita con la partida de dominó en el Hogar del Pensionista de la villa. “Si no vengo, vete a buscarme, que me dormí”, bromea.

Es el placer diario de este singular personaje, un hombre con un siglo de recuerdos en la cabeza, un paisano orgulloso sobre todo de que cuando se pudo hacer un favor a alguien se le hizo. “Un pobre no se quedó sin comer si estaba Panines cerca, eso me lo enseñó mi madre y fue ley de vida”.

Un siglo contado a través de la historia del transporte. No le costaba trabajo echarse a los caminos, viajar hasta León –“y si hay que ir se va, tardaré más pero voy”–, después venía a la capital por mercancía en el carro, aún recuerda cuando se durmió y la mula siguió hasta el destino por medio de la ciudad; no se le ha olvidado el orgullo de montar en la Isocarro y llegar hasta León, el regreso a veces era peor y había que descargar algo para que la moto pudiera subir las cuestas...

Y después la furgoneta.

A fin de cuentas, siempre lo mismo. Venir a por mercancía y llevar servicio, ya fuera fruta o butano, y hacerle los recados a los negocios de Mansilla...
¿Quién reparte? Sale el seis doble.

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