SOCIEDAD / Comercios centenarios
Una vida “aguantando metralla”
Pese a la dureza de la profesión hostelera, los bares y ventas son los establecimientos más longevos
El Bar Casa Maragato de Busdongo es un clásico para todos los que se acercan al puerto de Pajares, camino de Asturias o de regreso del Principado. Un poco de queso allí sabe a gloria.
F. Fernández / León
La frase es de un mesonero de larga tradición, el actual dueño de El Maragato de Busdongo, y define muy bien la filosofía del gremio. “Es verdad es que es una vida aguantando metralla, pero nos va la marcha, te haces a ello”.
Es curioso. Los ‘cantineros’ y ‘mesoneros’ explican que “no tenemos horarios y hay que aguantar mucho pues no se te olvide que si un paisano se pone pesado porque está borracho es que lo emborrachaste tú o un colega”. Y, sin embargo, estos negocios son los más longevos del comercio leonés.
Ayer se hablaba en estas páginas de dos ferreterías centenarias y se recordaba aquellos negocios que había homenajeado la Cámara de Comercio por cumplir cien años, entre ellos había bares como Casa Cubelos en Ponferrada (del histórico Nino Cubelos, ya cerrado), el restaurante El Truchero, de Palanquinos, otro clásico o el Café Victoria de la capital leonesa.
Pero hay bares, restaurantes y viejas ventas aún más antiguas que centenarias, cuyo origen se pierde allá en los tiempos y ni sus responsables saben una fecha exacta de fundación, pese a que en muchos casos siguen en manos de las mismas familias. Tenemos así el bar Casa Maragato, en Busdongo; la Venta de Getino o la Venta de la Tuerta, por citar tres cargadas de historia.
El Victoria y el Maragato
Curiosamente uno de los centenarios, el Café Victoria, y otro de los citados, Casa Maragato de Busdongo, tienen un origen común, en una familia de Laciana, la de Evaristo Gómez. Así lo cuenta Víctor del Reguero en un reciente libro. “Al fallecer Adeodato en 1883, Evaristo Gómez –que se había casado en 1878 con la maestra ejerciente en Riello, Mª Cruz Barthe Sandoval– se trasladaría a la ciudad de León, donde inauguró el llamado Gran Café de la Victoriacoincidiendo con las fiestas de San Juan de 1887. El nuevo café se ubicaría en la casa construida por su fundador sobre el solar de tres casas precedentes, frente al Palacio de los Guzmanes, a partir de 1884. Y será, desde el principio de su ya larga singladura, el más concurrido y afamado de la ciudad durante décadas”. En este mismo libro, Del Reguero cuenta que “Secundino Gómez también abrió un almacén de granos y harinas en Busdongo que luego se convirtió en lo que hoy es la conocida fonda ‘El Maragato”.
Las ventas
Vieja solera tiene asimismo la Venta de la Tuerta, de la que tienen documentada sus dueños varios siglos de historia. “Apareció un fajo de documentos de mi padre en el que figuraban muchos de los datos que ahora tenemos”, explica Toño, quien recuerda que por allí pasó Isabel II y sobre la venta escribió Gaspar Melchor de Jovellanos. “Es el único abrigo que usted halla entre León y La Robla, distantes cuatro leguas”.
El nombre de venta ya parece sinónimo de historia y tradiciones. Así no le faltan ni una ni las otras a Casa Amador o la Venta de Getino. Bien documentada tienen su presencia en este pueblo, que llegó a tener tres ventas, en el siglo XIX. “Antes de ser Casa Amador fue la Venta del Amparo, tal vez porque en la parte posterior de la misma existía un cepillo de ánimas en el que los caminantes depositaban una limosna. Cosas de antes, la gente tenía poco pero era muy caritativa”, explicaba Dona, fallecida hace unos meses.
Hay más ejemplos, viejos bares, algunos en la capital, que hablan de la especial raza de los cantineros de toda la vida.
Una vida “aguantando metralla”
Pese a la dureza de la profesión hostelera, los bares y ventas son los establecimientos más longevos
El Bar Casa Maragato de Busdongo es un clásico para todos los que se acercan al puerto de Pajares, camino de Asturias o de regreso del Principado. Un poco de queso allí sabe a gloria.
F. Fernández / León
La frase es de un mesonero de larga tradición, el actual dueño de El Maragato de Busdongo, y define muy bien la filosofía del gremio. “Es verdad es que es una vida aguantando metralla, pero nos va la marcha, te haces a ello”.
Es curioso. Los ‘cantineros’ y ‘mesoneros’ explican que “no tenemos horarios y hay que aguantar mucho pues no se te olvide que si un paisano se pone pesado porque está borracho es que lo emborrachaste tú o un colega”. Y, sin embargo, estos negocios son los más longevos del comercio leonés.
Ayer se hablaba en estas páginas de dos ferreterías centenarias y se recordaba aquellos negocios que había homenajeado la Cámara de Comercio por cumplir cien años, entre ellos había bares como Casa Cubelos en Ponferrada (del histórico Nino Cubelos, ya cerrado), el restaurante El Truchero, de Palanquinos, otro clásico o el Café Victoria de la capital leonesa.
Pero hay bares, restaurantes y viejas ventas aún más antiguas que centenarias, cuyo origen se pierde allá en los tiempos y ni sus responsables saben una fecha exacta de fundación, pese a que en muchos casos siguen en manos de las mismas familias. Tenemos así el bar Casa Maragato, en Busdongo; la Venta de Getino o la Venta de la Tuerta, por citar tres cargadas de historia.
El Victoria y el Maragato
Curiosamente uno de los centenarios, el Café Victoria, y otro de los citados, Casa Maragato de Busdongo, tienen un origen común, en una familia de Laciana, la de Evaristo Gómez. Así lo cuenta Víctor del Reguero en un reciente libro. “Al fallecer Adeodato en 1883, Evaristo Gómez –que se había casado en 1878 con la maestra ejerciente en Riello, Mª Cruz Barthe Sandoval– se trasladaría a la ciudad de León, donde inauguró el llamado Gran Café de la Victoriacoincidiendo con las fiestas de San Juan de 1887. El nuevo café se ubicaría en la casa construida por su fundador sobre el solar de tres casas precedentes, frente al Palacio de los Guzmanes, a partir de 1884. Y será, desde el principio de su ya larga singladura, el más concurrido y afamado de la ciudad durante décadas”. En este mismo libro, Del Reguero cuenta que “Secundino Gómez también abrió un almacén de granos y harinas en Busdongo que luego se convirtió en lo que hoy es la conocida fonda ‘El Maragato”.
Las ventas
Vieja solera tiene asimismo la Venta de la Tuerta, de la que tienen documentada sus dueños varios siglos de historia. “Apareció un fajo de documentos de mi padre en el que figuraban muchos de los datos que ahora tenemos”, explica Toño, quien recuerda que por allí pasó Isabel II y sobre la venta escribió Gaspar Melchor de Jovellanos. “Es el único abrigo que usted halla entre León y La Robla, distantes cuatro leguas”.
El nombre de venta ya parece sinónimo de historia y tradiciones. Así no le faltan ni una ni las otras a Casa Amador o la Venta de Getino. Bien documentada tienen su presencia en este pueblo, que llegó a tener tres ventas, en el siglo XIX. “Antes de ser Casa Amador fue la Venta del Amparo, tal vez porque en la parte posterior de la misma existía un cepillo de ánimas en el que los caminantes depositaban una limosna. Cosas de antes, la gente tenía poco pero era muy caritativa”, explicaba Dona, fallecida hace unos meses.
Hay más ejemplos, viejos bares, algunos en la capital, que hablan de la especial raza de los cantineros de toda la vida.