Imposible que esté hecho en siete días
Regresando a casa al atardecer, y llegando al alto de la collada entre la Tercia y la Mediana, quedó justo enfrente el majestuoso Bodón, pintado de blanco por las nieves caídas en los últimos días, y el pequeño Rodrigo, con la mente inclasificable de cualquier niño de ocho años, realizó una de esas preguntas para las que jamás hay respuesta: “ ¿Sabes lo que te digo? Que es imposible que hayan hecho el mundo en siete días, ni Dios ni nadie, sólo en hacer Bodón se tarda mucho más”.
¿Qué le dices? Como para explicarle además que de los siete días uno lo descansó, que todavía no le pilló la reforma laboral que se acerca.
Viendo la imagen que hoy nos ofrece Mauri, de otra de las joyas de nuestras montañas, el Correcillas, es imposible no pensar que estas cosas no se pueden hacer en una semana, que viéndolo pierde todo su valor aquel viejo chiste del maestro que explicaba precisamente que Dios creó el mundo en siete días y el chaval más espabilado de la clase apostilló: “No me extraña, así le quedó”.
Sin embargo, si en vez de mirar para el cielo del pico Correcillas lo haces para el suelo desde donde tiró la fotografía, las ruinas de la vieja ciudad astur romana de Lancia, te entran las dudas de si darle la razón a Rodri o al chaval que se quejaba de cómo quedó
http://www. lacronicadeleon. es/2012/02/14/fotografia. html
Regresando a casa al atardecer, y llegando al alto de la collada entre la Tercia y la Mediana, quedó justo enfrente el majestuoso Bodón, pintado de blanco por las nieves caídas en los últimos días, y el pequeño Rodrigo, con la mente inclasificable de cualquier niño de ocho años, realizó una de esas preguntas para las que jamás hay respuesta: “ ¿Sabes lo que te digo? Que es imposible que hayan hecho el mundo en siete días, ni Dios ni nadie, sólo en hacer Bodón se tarda mucho más”.
¿Qué le dices? Como para explicarle además que de los siete días uno lo descansó, que todavía no le pilló la reforma laboral que se acerca.
Viendo la imagen que hoy nos ofrece Mauri, de otra de las joyas de nuestras montañas, el Correcillas, es imposible no pensar que estas cosas no se pueden hacer en una semana, que viéndolo pierde todo su valor aquel viejo chiste del maestro que explicaba precisamente que Dios creó el mundo en siete días y el chaval más espabilado de la clase apostilló: “No me extraña, así le quedó”.
Sin embargo, si en vez de mirar para el cielo del pico Correcillas lo haces para el suelo desde donde tiró la fotografía, las ruinas de la vieja ciudad astur romana de Lancia, te entran las dudas de si darle la razón a Rodri o al chaval que se quejaba de cómo quedó
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